La frase del día

El hombre puede vivir unos cuarenta días sin comida, unos tres días sin agua, unos ocho minutos sin aire, pero sólo un segundo sin esperanza.” — CHARLES DARWIN

lunes, 26 de marzo de 2012

NIKOLA TESLA: EL GENIO REPUDIADO


Resulta extraordinario ver como a finales del siglo XIX y principios del XX, se juntaron gran parte de las mentes más preclaras de la humanidad para ir alumbrando en poco tiempo los avances tecnológicos más asombrosos, rápidos y fascinantes de toda la historia de la humanidad. Aún más paradójico resulta comprobar como todas se fueron juntando en un punto concreto: los Estados Unidos. Claro está que, en materia de ciencia, no podía ser de otro modo, ya que los grandes capitales dispuestos a arriesgarlo todo en aras de un progreso... monetario, se hallaban en aquel emergente país, que supo entender como nadie que en el camino tortuoso de la investigación estaba el futuro. Allí, en los albores de un siglo llamado a ver los descubrimientos tecnológicos que pusieron los cimientos de nuestro actual progreso, se potenció como nunca el mecenazgo para atraer a los más dotados científicos bajo promesa de la ansiada oportunidad de poder desarrollar sus proyectos; la misma que les negaba el viejo continente, anclado en la decrepitud sin darse cuenta de ello, y observando de brazos cruzados como todos aquellos que podrían haberle ayudado a mantener el lustre pasado, emigraban con poco dinero y muchas ilusiones hacia la meca de la ciencia. Albert Einstein podría ser el buque insignia de esta idea, y quizás el más famoso de todos los científicos emigrados. Sin duda hubiera sido la mente más preclara de no haber sido por la existencia de un ingeniero croata (aunque étnicamente fuera serbio) al que hoy le debemos parte de nuestro progreso y que cayó en el túnel del olvido: Nikola Tesla.

Hijo de un predicador, comenzó sus estudios de ingeniería eléctrica en la universidad de Graz. Dicen que se pasaba el día leyendo y memorizando libros enteros gracias a su memoria fotográfica. Poco tiempo después se trasladó a París, donde comenzó a trabajar en una de las empresas de Édison. Por recomendación de su jefe, recibió una oferta para trasladarse a los Estados Unidos como colaborador del afamado inventor. Pronto, ambos genios entraron en conflicto y su separación se produjo en 1885, solo un año después de su desembarco en Nueva York. Tras varios trabajos destinados a recaudar fondos, consiguió fundar en 1886 la Tesla Electric Light & Manufacturing y comenzó su colaboración con George Westinghouse. Durante esta época, desarrolló máquinas que producían rayos x y el germen de la trasmisión eléctrica sin cables (idea que le rondaría para siempre y que intentó desarrollar a lo largo de toda su vida). En 1891 demostró la trasmisión inalámbrica de energía y lo que hoy se denomina el efecto tesla. También y gracias a su descubrimiento de la corriente alterna (la misma que hoy usamos en nuestras casas), se contruyó en las Cataratas del Niágara la primera central eléctrica como hoy las concebimos, y que dotó de energía a la ciudad de Búfalo. Fue también en esta época en la que descubrió su celebérrima “Bobina Tesla” y la radio. En su honor se llamó Tesla a la unidad de medida del campo magnético.

Pero el inventor seguía fascinado por la idea de trasmitir la electricidad sin costes a todas las partes del mundo, de modo inalámbrico y, tras diversas vicisitudes, logró comenzar su proyecto más ambicioso aliándose con el banquero J. P. Morgan, al que convenció con la idea de crear un ingenio capaz de trasmitir imágenes y sonidos por el aire. Fruto de esta unión y para este fin, nació la Torre de Wardenclyff. Cuando el banquero descubrió que los verdaderos intereses del científico era la trasmisión gratuita de energía para toda la humanidad, abandonó el proyecto y retiró los fondos.

Tras este duro revés al que se unió el carácter solitario del croata, sus muchas excentricidades (llegó a inventar un aparato llamado Telascopio para comunicarse con seres de otros planetas, afirmando haberlo conseguido), su prepotencia y su filantropía, Nikola Tesla acabó sus días arruinado y olvidado, en una habitación de hotel de Nueva York. Tras su muerte, el gobierno confiscó todos sus documentos que no serían entregados hasta años más tarde y que hoy se pueden ver expuestos en el Museo Tesla de Belgrado. Me gustaría pensar que todos estos papeles fueron entregados, pero este punto, tan discutido como incierto, es uno de los grandes enigmas (quizás el último) de la vida del inventor más grande de la historia.

Hay momentos en los que nos podemos sentir orgullosos del desarrollo alcanzado por la humanidad, pero nunca deberíamos caer en el error de olvidar a todos aquellos que lo hicieron posible. Como en otras muchas ocasiones, la memoria de Nikola Tesla se vio enterrada por los bastardos intereses económicos, llenando de ignominia a todos cuantos contribuyeron al oscurantismo a lo largo de los siglos y que se preocuparon de que este nombre cayera en el olvido de los tiempos, sepultado bajo la negra capa de la codicia humana. Nada de lo logrado hasta hoy hubiera sido posible sin la existencia de este hombre sencillamente genial, cuyo mayor interés pese a sus muchos errores, fue el de poder hacerle llegar a todos los hombres una energía que consideraba pertenecía a la tierra y que, como tal, debía ser repartida sin distinciones. Otra hermosa aspiración asesinada por los espurios intereses de personas que solo ansían enriquecerse con las necesidades de sus congéneres. Que Dios, si lo tiene a bien, les perdone; yo no tengo ningún propósito de hacerlo.

Para acabar y a modo de reflexión, quiero dejar un pensamiento del propio Nikola Tesla. Estas palabras definen sin duda al genial científico, que michos catalogaron como loco, pero que no era nada más que un genio irrepetible:

"En un futuro próximo veremos una gran cantidad de aplicaciones de la electricidad: Podremos dispersar la niebla mediante fuerza eléctrica; Centrales sin hilos se utilizarán con el propósito de iluminar los océanos; Se conseguirá la transmisión de imágenes mediante hilos telegráficos ordinarios (transmisión sin hilos de inteligencia y energía); Otra valiosa novedad será una máquina de escribir operada mediante la voz humana; tendremos eliminadores de humo, absorbedores de polvo, esterilizadores de agua, aire, alimentos, y ropa; Se convertirá en imposible contraer enfermedades por gérmenes y la gente del campo irá a las ciudades para permanecer allí; Transmisión de energía sin hilos (producida por generadores ambientalmente compatibles) para que el hombre pueda solucionar todos los problemas de la existencia material. La distancia, que es el impedimento principal del progreso de la humanidad, será completamente superada, en palabra y acción. La humanidad estará unida, las guerras serán imposibles, y la paz reinará en todo el planeta."

INVENTOS DE NIKOLA TESLA

Corriente alterna (hoy utilizada en todos los hogares y empresas del mundo)

El radar

El microscopio electrónico

El horno de microondas.

Transferencia inalámbrica de energía eléctrica (no demostrado): mediante ondas electromagnéticas.

Radio.

Bombilla sin filamento.

Dispositivos de electroterapia.

Submarino eléctrico.

Lámpara fluorescente (más conocido como tubo fluorescente, ese mismo que veréis en las cocinas de nuestros hogares).

Teslascopio.

Métodos y herramientas para el control climático.

Control remoto.

Motor de turbina que utilizaba discos en lugar de alabes.

Ondas Tesla.

Afirmó que uno de sus experimentos revelaba la existencia de partículas con carga menor que la de un electrón. En la actualidad se conocen como "Quarks" y resulta del todo asombroso que se adelantase a un descubrimiento relativamente reciente con los medios rudimentarios de los que disponía.

Armas de energía directa

Sistemas de propulsión por medios electromagnéticos (sin necesidad de partes móviles)

Bobina Tesla: entregaba en la salida una energía de alto voltaje y alta frecuencia.

Principios teóricos del radar

Oscilador vibracional mecánico

Impulso Gravitacional Atómico

Aviones Stol: Los aviones de despegue y aterrizaje vertical cortos (harrier, f-35, etc).

Envío de electricidad con un solo cable: aparte del convencional sistema que se usa, el cual requiere 2 cables, para el suministro eléctrico a los dispositivos, Tesla demostró en multitud de ocasiones que es posible el envío de energía eléctrica a través de un único cable de 1 solo hilo. Por tanto, en este ejemplo, el concepto común de voltaje (diferencia de potencial), podría calificarse simplemente diciendo que voltaje es cualquier potencial y no necesariamente la diferencia.

Radiogoniómetro: Sistema electrónico capaz de determinar la dirección de procedencia de una señal de radio

Teleodinámica eléctrica






viernes, 15 de julio de 2011

S.G.A.E: PIO, PIO, QUE YO NO HE “SIO”




Aunque me dé cierto apuro reconocerlo, este es un escrito que llevaba tiempo con ganas de hacer y que, además, sabía de antemano que alguna vez iba a ser hecho. No es que me haya embarcado en las ingentes filas de la pitonisa Lola, ni que sea un sacaduros más de esos que pueblan nuestros televisores en las madrugadas, pero no hace falta ser oráculo de Delfos para comprender que el dinero fácil lleva a corrupción segura; sobre todo cuando se ejerce un escaso o nulo control sobre él. La naturaleza humana es así, y no resulta complicado entrever que donde hay enormes cantidades de peculio, pronto van a surgir aves de rapiña que van a hacer el agosto a costa de los de siempre: de los curritos pagadores que antes que un lío prefieren dar lo que se les pide a cambio de una relativa tranquilidad. Una vez leído lo anteriormente escrito, no me queda otra que aceptar que me produce cierta satisfacción la idea de ver al tipo de la gabardina que esperaba agazapado tras las toalla para grabarme mientras cantaba en la ducha para pasarme después la minuta en concepto de canon; el mismo que se colaba en las bodas, bautizos y comuniones para denunciar a los contrayentes; ese que me obligaba a pagar un impuesto por si cometía un delito de piratería al comprar un ordenador, un mp3, una regrabadora dvd, un televisor, un vídeo, un teléfono celular, un cd o un dvd, un pen drive o, simplemente, un equipo de música, para tener después que volver a pagar cuando compraba mi disco o realizaba una descarga legal, sin tener en cuenta si el uso que le iba a dar era fraudulento o no, obviando así la parte más importante del derecho penal: la intención. Baste para ilustrar esto el ejemplo siguiente: vamos caminando por la calle y, al doblar la esquina, nos encontramos una cartera repleta de dinero. El viandante que viene detrás, se identifica y nos da rastros inequívocos de que dicha cartera es suya y, acto seguido, se la devolvemos. Como es lógico, el código penal nos exonera de cualquier responsabilidad ya que, aunque obra un nuestro poder una cartera con un dinero que no es nuestro, no hemos tenido la intención de robarla: simplemente nos la hemos encontrado. Esto, que resulta evidente para cualquiera, no se da con la famosa y manida S.G.A.E: antes de poder preguntarnos para qué vamos a usar el soporte digital adquirido, ya nos gravan con un impuesto por si somos chicos malos; y eso es así:“dura lex, sed lex” ( “la ley es dura, pero es la ley” ). Así que no creo justo que se me pida que no observe con cierto regocijo todo lo sucedido con esta entidad de cobro, que ha estado actuando presuntamente de un modo fraudulento y desvergonzado, engañándonos a los usuarios y a los autores por partes iguales porque, no es justo obviar que estos últimos son los principales damnificados.


Y en esto estaba cuando llegó la comparecencia voluntaria de la principal responsable del Ministerio de Cultura, Ángeles González-Sinde, y para rizar aún más el rizo, comienza a entonar aquella cancioncilla infantil que más de uno hemos cantado en nuestra infancia: “Pío, pío que yo no he sío” y el asunto, si no fuese tan serio, tomaría ya un cariz caricaturesco propio del mejor folletín esperpéntico: ¡ay lo que hubiera sido capaz de escribir don Carlos Arniches con esto!, pensé de inmediato. Y es que no podía uno por menos que sonrojarse por la vergüenza ajena. Eso de echar la culpa a la resolución del 1997 que ejecutó la Ministra de Cultura de aquel momento (Esperanza Aguirre) y a las comunidades autónomas por no ejercer el control adecuado, ya sonaba a burla y a insulto a la inteligencia común de todos los españoles. En aquel año, se aprobó que las entidades de cobro pudieran formar empresas privadas para sus gestiones, lo que realmente constituye un craso error que nos ha llevado a la actual situación, esto resulta innegable. También es cierto que existe un fallo del tribunal supremo merced al cual las competencias en dos comunidades (no a todas como afirmó la ministra) en concreto debían ser traspasadas; pero no es menos cierto que dichas competencias jamás fueron hechas efectivas, con lo cual cualquier atisbo de culpabilidad queda disuelto en la arena de los tiempos, que ha cubierto lo que debía haber sido y no fue. En cuanto a lo del famoso fallo del año 1997, resulta vergonzante que tras dos legislaturas y tres ministros diferentes, nadie haya abordado este error de bulto lo cual, al menos a mi entender, les da la responsabilidad a los actuales miembros de dicho ministerio bien por inacción o bien por omisión: creo que esto es de lógica y que no se le puede escapar a nadie.

Por si esto no fuera suficiente, el artículo 159 en su punto primero obliga al Ministerio de Cultura a llevar el control de dichas actividades económicas. Todo esto se refrenda además en el apartado 11 de la Ley de propiedad intelectual que se expresa en los mismos términos, con lo cual creo que todo queda más que dicho, demostrado y, lo que es peor, deja en entredicho la actuación de la actual portadora de tan importante cartera. Todo esto me lleva a una dura reflexión que se ha convertido en vox populi: “Estos nos han tomado por tontos”. Provoca sarpullidos recordar ahora a González-Sinde en comparecencia púbica junto al presidente de la S.G.A.E mostrando las cuentas realizadas por auditoras independientes en las que todo cuadraba. Tengo la impresión de que no solo no cuadraba si no que además era una tomadura de pelo al conjunto de la sociedad por parte de la cúpula dirigente de la organización ¿SIN ÁNIMO? de lucro (pero que sin embargo contaba con cuantioso y cada vez más ingente patrimonio). Espero que por fin se pueda resolver todo esto y que, al menos en algo tan delicado y tan universal como es la cultura, pueda regir al final la equidad, la transparencia y la honradez: creo que nos lo merecemos todos.

martes, 5 de julio de 2011

PROCESOS MENTALES

Tengo que admitir, además sin mucho esfuerzo, que en muchas cosas debo definirme como alguien, cuanto menos, peculiar. Son muchas las veces en las que me sorprendo con algún tipo de pensamiento que se podría calificar de trasnochado, no por su contenido caduco, si no por la forma en que elaboro y llego a tales conclusiones. Y es que mis procesos mentales son bastante difíciles de entender, aunque sean explicados. Su naturaleza es simple, nada intrincada, pero la consecución suele ser sorpresiva, por dilatarse tanto en el tiempo que, en la mayor parte de los casos, para cuando llegan al fin a puerto han transcurrido en el mejor de los casos algunas horas; en la mayoría de ellos unos cuantos días. Así que cuando tengo a alguien lo suficientemente cerca como para escucharme pensar en voz alta (otra de mis delirantes costumbres), tengo que asistir al gesto asombrado del pobre receptor. Tras dar las preceptivas explicaciones que, sean o no pedidas, son cuanto menos necesarias para evitar que me coloquen esa camisa de fuerza que (sic) sin duda tantas veces merezco. Lo más frecuente es que me espeten a modo de pregunta retórica un “¿ Y ahora a qué viene eso ?”, o a su hermano gemelo: “¿ Y ahora te acuerdas de eso ?”, a lo que tengo que responder con un encogimiento de hombros que a fuerza de pura reiteración me sale ya automático, acompañándolo de un pequeño atisbo de contrasentido que, como le sucede al escorpión, solo se puede entender como uno de las excentricidades que adornan mi persona: “es mi naturaleza”, que diría el pobre bicho.


Explico todo esto porque fue algo que me sucedió hace un par de días, mientras mantenía una conversación con alguien, acerca de una cita en latín que había podido leer en el asiento de una motocicleta y que, por los motivos que arriba he expuesto, volvió a dejar perpleja a mi receptora. Y no hubiera dejado de ser una de las tantas si no hubiese servido de mecha o, si se prefiere, de hilo conductor a la segunda parte de la conversación (otra más de las brillantes agudezas que tiene a bien regalarme tantas y tantas veces, y que me está sirviendo de tan importante guía en estos tiempos oscuros: no dispondría con dos vidas más que tuviera del tiempo necesario para agradecérselo). Tras el inevitable encogimiento de hombros, me espetó una queja plausible y lógica, en la que yo no había caído, pero que podría resultar más que generalizada y, por el respeto que me merecéis todos aquellos que formaís parte de ese cincuenta por ciento de este pequeño trozo de mi alma que voy desgranando renglón a renglón (y pensando sobre todo, si me permitís la leve discriminación, en mi querido heraldo, capaz de decirme las cosas que necesito y no solo las que me gustaría escuchar), no quiero dejar sin aclarar.


Sé que la frecuencia con la que he insertado algún escrito en estos últimos tiempos no ha sido ni siquiera aceptable, no me duelen prendas en admitirlo: algo contrario sería de una desfachatez inusitada. En mi descargo, tengo que alegar que estos no han sido los mejores momentos de mi vida, que salvo en la faceta afectiva (en todas sus vertientes), está atravesando un valle sombrío del que poco a poco estoy comenzando a salir. En estas circunstancias, poco o nada recomendable para mi salud sería el haber escrito; tal y como le pasase en su día a Semprún (salvando las diferencias con el maestro), he vivido un periodo en el que he tenido que decidir entre la escritura o la vida. Él, durante más de veinte años, tuvo que reprimir el ansia de escribir, como medida de protección para no perder la razón, tras su salida del campo de concentración de Buchenwald.


Hay muchos escritores (y algunos escribidores entre los que me cuento), que son incapaces de separar lo personal de lo escrito; por contra, se utiliza la pluma para la comprensión, la reflexión o el exorcismo de fantasmas. Es este un ejercicio altamente gratificante, pero en extremo doloroso. Cuesta mucho escribir sobre algo doloroso, sobre todo cuando se deben observar con sumo cuidado cada arista, cada vértice y cada vórtice, cada lado y cada uno de los pequeños matices que suelen comprender las complejas realidades. Así, escribir se convierte en algo inaudito que, en ese momento, solo puede conducir a la senda del dolor, alejado de cualquier atisbo de solaz.


Por eso de mi prolongado silencio, que solo fui capaz de romper con unas reflexiones que me parecieron graciosas, y que por un momento me provocaron la sonrisa. Siendo cierto que, mirándolo con detenimiento, las leyes inexorables rompen un tanto la estética y el tono general del blog, me parecieron una forma graciosa de romper una tendencia oscura. Espero que nadie haya unido mi ausencia con la insustancialidad de las leyes... para pensar que ha dejado de ser importante para mí este pequeño pedazo de alma que comparto con quien tenga a bien perder en el unos instantes. Merced a mi heraldo, todo se ha curado y mi ánima se ha restablecido por completo. Nunca podré agradecerte todo lo que has hecho por mí, porque es tanto y tan continuo que necesitaría mucho más de lo que te puedo ofrecer.


Gracias por seguir ahí, visitando mi blog.

jueves, 17 de marzo de 2011

LEYES INEXORABLES

He podido encontrar unas leyes inexorables, que se cumplen en todo el universo. Como me han parecido bastante interesantes, las pongo aquí por si os fueran de utilidad.


'TODO CUERPO SUMERGIDO EN LA BAÑERA HARÁ SONAR EL TELÉFONO'.(ley de Mevi Amatar)

'CUANDO NECESITES ABRIR UNA PUERTA CON LA ÚNICA MANO LIBRE, LA LLAVE ESTARÁ EN EL BOLSILLO OPUESTO' (Ley de Mecago Enlamar)

'SIEMPRE QUE LLEGUES PUNTUAL A UNA CITA NO HABRÁ NADIE ALLÍ PARA COMPROBARLO, Y SI POR EL CONTRARIO LLEGAS TARDE, TODO EL MUNDO HABRÁ LLEGADO ANTES QUE TÚ Y QUEDARÁS FATAL' (Principio de Longines)

'TODO CUERPO SENTADO EN EL INODORO HARÁ SONAR EL TIMBRE DE LA PUERTA'.

(Ley de Nicagar Puedeuno)

'CUANDO TENGAS LAS MANOS LLENAS DE GRASA, TE COMENZARÁ A PICAR LA NARIZ'. (Ley de Angustias Teda Lavida)

LA ÚNICA VEZ QUE SE CIERRA LA PUERTA SOLA ES CUANDO TE HAS DEJADO LAS LLAVES DENTRO (Ley de Vayusté Pordios)

EL SEGURO LO CUBRE TODO, MENOS LO QUE TE SUCEDIÓ' (Ley de Esoco Rede Sucuenta)

'SI MANTIENES LA CALMA CUANDO TODOS PIERDEN LA CABEZA, SIN DUDA ES QUE NO HAS CAPTADO LA GRAVEDAD DEL PROBLEMA'. (Axioma de Noten Teras)

CUANDO LAS COSAS PARECEN IR MEJOR, ES QUE HAS PASADO ALGO POR ALTO (Segundo axioma de Noten Teras)

'LOS PROBLEMAS NI SE CREAN, NI SE RESUELVEN, SÓLO SE TRANSFORMAN'. (Ley de Estono Esvida)

LLEGARÁS CORRIENDO AL TELÉFONO JUSTO A TIEMPO PARA OÍR COMO CUELGAN'.

(Principio de Rinrín)

'LA VELOCIDAD DEL VIENTO AUMENTA PROPORCIONALMENTE SEGUN HAYA SIDO EL PRECIO DEL PEINADO'. (Principio de Llongueras)

'SI SOLO HAY DOS PROGRAMAS EN LA TELE QUE VALGAN LA PENA VER, SERÁN A LA MISMA HORA'. (Ley de Queco Jones Tienen)

'LA PROBABILIDAD DE QUE TE MANCHES COMIENDO, ES DIRECTAMENTE PROPORCIONAL A LA NECESIDAD QUE TENGAS DE ESTAR LIMPIO'. (Ley de Menudo Lamparón)

'CUANDO TRAS AÑOS DE HABER GUARDADO UNA COSA SIN USARLA DECIDES TIRARLA, NO PASARÁ MÁS DE UNA SEMANA SIN QUE LA NECESITES DE VERDAD'.

(Principio budista del Lama Dreque Loparió)



miércoles, 2 de marzo de 2011

LA SECTA



Llevo muchos años contando todo lo que me sucede, plasmándolo en un papel para, en muchas ocasiones, entender parte de lo que va sucediendo a mi alrededor, en un mundo que cada vez va más rápido cuando, por los años que ya empiezo a lucir, he entrado en un proceso en el que la rapidez de los acontecimientos es, cuanto menos, molesta. Y es que a medida que voy cumpliendo primaveras, voy aprendiendo a ser más paciente, a tener menos prisas, a ser más reflexivo, dejando la impulsividad para los que vienen por detrás, hambrientos por acumular experiencias, tal y como yo era hace menos de un lustro. Supongo que ese proceso es otro de los aspectos evolutivos que llamamos magnánimamente “madurar”. Ley de vida, supongo.


Lo cierto es que este cambio de cosmovisión me hace intentar mirar la vida de otra manera más pausada, intentando desgranar el polvo y la paja, el fruto y la mala hierba, para tratar así de encontrar la senda que considero es la verdaderamente justa. Quiero pensar que esto me lleva a cometer menos fallos, o que los que se producen, tengan menores consecuencias, menos damnificados (lo que ahora los modernos y por anglicismo, denominan “daños colaterales”). Teniendo en cuenta que la caridad bien entendida empieza por uno mismo, sigo pensando a mis casi cuarenta primaveras que soy una persona encantada de haberse conocido. Espero que me perdonéis tal grado de egocentrismo, pero es que por mi forma de ser tengo que estar convencido en cada momento de que estoy haciendo lo justo: no puedo irme a dormir sin tener la conciencia tranquila. Quizás sea esta la causa de mis mayores derrotas y la responsables de mi tranquilidad de espíritu. Puestos a elegir, prefiero que sea así: prefiero perder y ser feliz a ganar y tener intranquilidad y terrores nocturnos. Soy así, y creo que voy a morir igual.


Toda esta reflexión viene hoy, que me he parado a pensar en mi estado actual, en el momento que estoy viviendo. Hace solo un par de meses, fui despedido de modo injusto de una empresa a la que he dedicado casi cinco años de mi vida, a la que le he dado todo el mejor saber hacer que he sido capaz, sin escatimar nunca en esfuerzo, ilusión, tesón y entrega: no sé hacerlo de otra manera. Siempre, parafraseando una sentencia que me dijo el primero de mis jefes hace ya más de ¡ veinte años !, he afirmado que no me gusta trabajar, ya que exijo un sueldo por ello. Realmente, las cosas que me gustan las hago gratis, o pago por hacerlas; pero una vez que me pongo a hacerlas las hago lo mejor que sé, porque una parte de la justicia que me auto-impongo, implica el ser honesto con el que me paga, y realizar de la mejor manera que me es posible cualquier trabajo encomendado, sin escatimar sacrificios del tipo que sean. Quizás sea por esto por lo que puedo afirmar que casi la totalidad de clientes a los que he atendido comenzaron siendo eso: clientes, y terminaron siendo amigos, que es mucho más de lo que otros pueden decir (si alguno lee esto, sabrá que me refiero a él).


Hace ya algunos años, cometí el tremendo error de cambiar un trabajo en el que estaba bien considerado por el simple hecho de intentar medrar. Me ofrecieron unas buenas condiciones laborales y, tras mucho pensarlo, accedí al cambio, con la ilusión por bandera y mi reputación de buen trabajador como aval. Creo, sin temor a equivocarme, que he cumplido con creces. Cada año se sometió mi trabajo a revisión y las pasé con soltura, aprobando cada una de ellas con solvencia, subiendo cada año de tramo sin que nadie me regalase nada. Y así ha sido hasta que me han echado de modo espurio, con falsas acusaciones que han llegado a la desfachatez de colgarme la culpa de cosas que ni siquiera habían pasado estando yo presente en mi puesto de trabajo. No vale de nada darle más vueltas: simplemente me tocaba ser uno más de los que estaba cayendo, pero no por los hechos que se aducía en mi carta de despido, y eso lo sabemos las tres personas implicadas en ese triángulo diabólico, en el que se ha ido la hipotenusa, para que se quedasen a gusto los dos catetos (en este caso catetas).


Ahora que ha pasado el tiempo necesario para reflexionar sin acritud, tengo que agradeceros, ominosas catetas, que me hayáis dado la posibilidad de volver a ser feliz, de volver a ver la vida con un optimismo que no tenía cuando estaba en esa empresa modelo, que tanto afán tiene en conseguir beneficios a costa de hacer olvidar a los que la conforman su condición humana, sin que un atisbo de magnanimidad, decencia u honradez se encuentre por ninguno de vuestros estamentos: sois solo fachada, muñeca de trapo presa de unas mentiras que ya ni vosotros mismos os creeís. Me queda la satisfacción de saber que, en todo momento, he sido honesto con todo el que me ha rodeado y la certeza de estar ahora mismo en el lugar correcto. Como una vez dijo Unamuno: “Vencereis pero no convencereis. Porque os podrá asistir la razón por la fuerza; pero nunca la fuerza de la razón”. A ese tal Unamuno, no lo busqueis entre el personal de la secta, por favor, que no se encuentra entre vuestra plantilla. No afileís las espadas que, al contrario de lo que podais pensar, es libre como el pensamiento de la gente; hasta de esa gente que se ve obligada a callar y a pensar que tal grado de sometimiento es otro plus que se paga a costa de tener nómina.

viernes, 9 de julio de 2010

VAMPIROS

En una relación, siempre hay un elemento dominante y un sujeto dominado; un vampiro que succiona la energía vital, y otro que la va dejando por el camino. Cuando esa relación acaba, sea del tipo que sea, hay algunos de esos que yo llamo "vampiros vitales", que se encuentran perdidos sin una víctima a la que dejar sin esencia vital: no son otra cosa que pobres seres acostumbrados a ser los amos del universo, que de repente despiertan y se dan cuenta de que han dejado de ser el ombligo del mundo, para convertirse en personas, sin más. El problema viene cuando no han sido capaces de aprender a ser personas; ¿qué sucede entonces?: que continúan intentando someter sin darse cuenta de que sus víctimas han dejado de estar a su alcance. Lo peor de todo esto es que no reparan en nada para proseguir con su dominación, y no quieren ver el daño que hacen a todos los que les rodean sin excepción.


Hay distintas relaciones que propician tan perniciosa simbiosis, comunes por desgracia a la vida cotidiana y, por ende, cuasi imposibles de evitar. Pero sin duda, hay dos casos que sobresalen sobre el resto por su prolijidad: las relaciones sentimentales y las laborales. En cualquier pareja, es lo frecuente que siempre haya una persona que ceda un tanto más que la otra para que los engranajes se vayan engrasando, hasta conseguir poner en marcha algo tan complicado como es la convivencia. Si todo transcurre por los cauces normales, ambos integrantes de la pareja irán alternando en mayor o menor medida dichas cesiones, logrando así un equilibrio que nunca llegue a desembocar en una situación en la que ninguna de las dos se sientan lesionadas, logrando un ecosistema cohesionado y firme, que debe dar como fruto una relación cada día más fuerte y compenetrada. Cuando uno de los dos resulta ser un vampiro, hasta las normas más elementales se rompen, y todo lo que les rodea pasa a ser un tira y afloja con un sempiterno vencedor (poseedor de la razón o no) y un vencido: un infructífero campo de batalla con las víctimas siempre del mismo lado; una concomitancia absurda y demente de trágico final. Las más exacerbadas suelen dar como fruto espurio malos tratos de palabra, psicológicos o físicos.


En cuanto al segundo caso, en el trabajo se dan las condiciones apropiadas para el crecimiento de esta flor de dolor: muchas horas de convivencia forzada con gente con la que, de no mediar la motivación pecuniaria, jamás entraríamos en contacto con ella. El estrés es otro de los abonos fundamentales, al que hay que unir la preponderancia de los que ocupan un puesto de importancia sobre otros y que, cegados por una falsa sensación de egolatría, suelen imponer su punto de vista por Real Decreto, sin que les importe si les asiste la fuerza de la razón o si por el contrario están imponiendo la razón por la fuerza, promoviendo por reiteración, un sentimiento de rebeldía en el subyugado, que suele derivar en trifulcas que a su vez provocan en el superior (sobre todo si este tiene una personalidad débil que pretende ocultar a fuerza de gritos) un ánimo revanchista que le empuja a cometer acciones de acoso y derribo, con la consiguiente respuesta sediciosa. Otro bucle que da como resultado un nuevo ouroboros caótico y destructivo. De las más exaltadas de estas relaciones, suelen nacer los despidos improcedentes y los acosos laborales.


Por fortuna, ambas no suelen darse en una misma persona, aunque hay demasiados casos en los que concurren: pobres de aquellos a los que les ocurre, sin encontrar en sitio alguno su locus amoenus, su remanso de paz dentro de la guerra. Salir corriendo, y aferrarse al derecho condigno de las personas a tratar de encontrar la felicidad, es algo más que una opción: es una exigencia del alma que ansía vivir en armonía. Dios perdone a esos vampiros, capaces de destrozar por nada a otros seres en el nombre del amor, de la competencia, o de cualquier otro de los desatinados motivos que el diablo quiera darles. Rezo a diario para que encuentren ese sitio en el que al final cobren conciencia de los destrozos que ocasionan, y que su conciencia no les permita conciliar el sueño.

miércoles, 30 de junio de 2010

ESTRAMBÓTICO

En una lengua como la española, rica en matices, giros y construcciones coloquiales, hay determinadas palabras que son desconocidas para un amplio número de personas y que, sin embargo, para nosotros son harto conocidas por ser utilizadas dentro de nuestra esfera social, local o familiar. Hay muchas que son utilizadas con un significado que se circunscribe únicamente a nuestro reducido círculo y que, tomada por alguno de sus miembros y difundida por nuestro reducido grupúsculo, ha sido alterado su significado por diversas causas que ahora no vienen al caso, pero que son adoptadas por todos y cada uno de sus miembros hasta llegar a ser parte del personal acerbo cultural de todos ellos, auspiciado por unos lazos familiares que, como en todas las circunstancias sociales, hacer de la legua y el vocabulario común otro nexo más fuerte si cabe que el de cualquier sentimiento, sobre todo teniendo en cuenta que estos son totalmente susceptibles de cambios por los diversos avatares de la vida, mientras que la lengua aprendida permanece inalterada hasta el fin de los días. Y es que las palabras son esa fuerza que lo envuelve todo, que lo aglutina dentro de lo posible, de lo real. Tal y como creo que ocurre en una comunidad de hablantes, el conocimiento de ese vocabulario coloquial antes descrito, une más que cualquier tipo de lazo, logrando una perfecta cohesión, una relación simbiótica entre sus miembros, que interactúan para originar un pequeño intramundo, rico en matices y particulares interpretaciones, que terminan por juntar más si cabe al los integrantes de ese reducido grupúsculo. Curiosamente, cuando los miembros más ancianos nos van abandonando, merced a ese poso que han dejado dentro de nosotros, en forma de palabras, nos ayudan a recordarlos con mayor nitidez, haciendo las veces de magdalena proustiana en un sinfín de ocasiones en las que, por un momento, nos vemos sumergidos de nuevo en pasajes pretéritos, que revivimos con inusitada fuerza; y todo esto con una simple palabra, pronunciada en el momento justo. Quizás en eso reside la magia de las palabras: van soltando su esencia sin que nos percatemos, para salir a nuestro encuentro cuando menos lo esperamos.


Todo ello acude a mi mente en el momento en el que, por avatares que no vienen al caso, me reencontré con una palabra de aquellas que mi abuela tenía siempre en mente: estrambótico. Al leerla de nuevo, una tormenta de anámnesis sacudieron mi alma, retrotrayéndome a esos tiempos en los que, cuando hablábamos de gustos, ella recurría a su frase habitual: “ A mí, lo que me gusta es lo estrambótico”. Y enseguida comprendía que manifestaba gusto por lo estrafalario. Pude verme otra vez como cuando era un muchacho, alegre, tímido y jovial; luchando eternamente para conseguir un hueco en mi círculo más cercano. Curiosamente, podía percibir las emociones, pero no penetrar en los pensamientos de aquel reflejo que, si acaso, no los tuviera; pero que si así fuera, estaban ocultos e inaccesibles para mí. Estaba claro que me hallaba ante un mundo anamnesíaco; vivo en mis recuerdos y muerto en lo pragmático. Es triste comprobar como, a medida que van muriendo las palabras, van feneciendo también las personas que las pronunciaban, como si ese alma que contenían los vocablos, fuese la esencia de la otra contenida en la cajita de plata que alberga el pecho de las gentes. Se une sin dudarlo humano y lo divino, el léxico y la imagen, lo fonemático y lo vital. No hay duda de que ambas cosas son las dos caras de una misma moneda: mirando hacia extremos distintos, pero unidos inalteradamente en la esencia: matar palabras es asesinar almas. Y lo peor de esto es que podremos recuperar el vocablo, pero nunca el mundo en el que se desarrolló. La hermosa luz que se halla bajo la luz de los recuerdos, es una sombra más que fenecerá con nosotros, últimos testigos de un mundo pasado que, nunca sabremos si fue mejor; pero al que la marea de los tiempos le ha dotado de una beatitud de la que no goza los tiempos presentes ni, como buen hijo de estos, el incierto futuro.


Ante tal certeza, solo nos queda seguir llorando a los que ya no están, apretar los dientes y luchar por incorporar todos los mundos que formaron el nuestro en uno nuevo, auspiciado por el calor de las palabras, del verbo, que todo lo arropa y lo une, para configurar así el legado que debemos dejarles a nuestros hijos, nuestro propio acerbo que, sin duda, le enriquecerá sobremanera.

miércoles, 21 de abril de 2010

MIL PERDONES

Hace ya algún tiempo que publiqué la última entrada: la verdad es que he tenido unos tiempos de cambios, revueltos y, si soy sincero, con algunos momentos de desgana y de desánimo íntimo, que me han obligado a dejar temporalmente de escribir. Por todo ello y, sobre todo, por todos los que habeis seguido pese a todo entrando al blog, quiero pedir lo que el título indica: mil perdones. Además, quiero agradeceros que no hayais olvidado este pequeño trozo de mi alma, pese al voluntario parón. Gracias de corazón: sois especiales.

domingo, 24 de enero de 2010

AL FILO DE LA MADRUGADA



Mientras a través de la ventana, corre sin cesar, inmisericorde, la madrugada que descubrí ese mensaje que me recordaba lo que pudo haber sido, recordándome la tristeza de ser a veces mortal y humano, la desgarrada voz de Sabina va recorriéndome la piel mientras la pluma translitera estos sentimientos, huérfanos por hallarse lejos de ti. La voz del maestro desgranando vidas y sangres ajenas que siento como propias, el sol intentando despuntar en sus primeros albures, unos tímidos rayos que rasguen las tinieblas, un café dispuesto a ser vaciado y la compañía de la vieja costumbre de emborronar folios: causas todas ellas favorables para encontrarme en un estado similar a lo que algunos podrían denominar felicidad; pero carezco de ese ruido leve de tus pasos por la habitación, de ese aroma a cariño y ternura que exhalas, de sentir ese abrazo que, viniendo desde atrás, desprenden tus hermosos brazos mientras se enroscan en mi cuello mientras miras por encima de mi hombro lo que escribo, mientras me regalas el beso que me hace retomar el camino al cielo que tantas veces he recorrido junto a ti, ese al que fui, al que voy cada vez que te veo, al que pienso volver mientras un hálito de vida siga moviendo este torpe cuerpo que y no me pertenece, que ya no respira, que ya no mora sino en el dulce horizonte de tu alma.


Y es que, aunque hoy no esté de moda decir todo esto que te digo, aunque los sentimientos y la ternura se encuentren cada día más desterrados de este tecnificado mundo en el que nos ha tocado vivir, menos humanista y más despiadadamente inhóspito, quiero confesarle a la madrugada que quiero a una mujer, de esas que solo con el simple hecho de pronunciar tu nombre, ya te hacen vivir el más dulce de los sueños. Quiero confesar que soy afortunado, por tener a alguien como tú, brillante y divina, diosa entre las mujeres y mujer entre las diosas. Si algún poeta hubiese querido escribir el poema perfecto, debería haber tomado como musa el fulgor de tus ojos. Si alguien quisiera haber sentido el amor perfecto, debería haber escuchado de tus labios dos simples palabras: “TE QUIERO”.


El final perfecto de cualquier sueño, la más dulce de las sonrisas, el más verde de los jardines, la risa de un niño, el olor a café recién molido, la más colorista de las utopías, la más hermosa de las flores, el amor de los poetas; todos ellos son oropeles que adornan tu alma, que la ensalzan, que la elevan por encima de cualquier mortal. Muchos pensaran que exagero, que solo soy un pobre vate loco, un enamorado aprendiz de escribidor adolescente que canta a su idealizada musa; pero ellos no conocen el brillo de tus ojos, el calor de tu risa, el roce de tus caricias: no pueden entenderlo, ni quiero ni pretendo que lo hagan. Solo pretendo que, en nuestro mundo, perdure un remanso alejado del resto, donde pueda alumbrarme con el brillo de tu piel, donde pueda decir que, como lo pienso, soy el más afortunado de los hombres, mi amor, solo porque te tengo, solo porque te siento, solo porque soy tuyo y porque me perteneces. Te amo con toda la fuerza que le es posible a mi alma, y quiero que esta sensación sea la que me asista en el momento final, para poder decir en el postrero instante que mi existencia valió la pena, solo porque a través del embravecido mar que tuve que surcar para ir a tu encuentro, fui por ti Odiseo, y tú, dulce Penélope que tejió y destejió un tapiz maravilloso en el que quedó plasmado nuestro sentimiento mutuo. Ni las Moiras podrían romper eso, porque, mi cielo, el amor que albergo es más fuerte que los hilos de Láquesis.


TE QUIERO, MI VIDA.

miércoles, 30 de diciembre de 2009

LLUVIA

El día de navidad se levantó soleado, hermoso, con un majestuoso sol de invierno de esos que calentaba la piel, sin obligar a buscar cualquier refugio a la sombra. Era una sensación agradable sentirse acariciado, calentado, reconfortado. Resultaba raro que, en pleno diciembre, saliese un día de navidad primaveral, que hiciera olvidar los rigores del invierno que llevábamos sufriendo ya por espacio de unos cuantos días. Era una de esas sorpresas que nos suele reservar el cada vez más díscolo clima, cambiante e imprevisible hasta extremos cada vez más insospechados.


Curiosamente, a medida que iba transcurriendo la jornada, el aspecto del cielo fue cambiando, abandonando el azul celeste (como no podía ser de otra manera) para ir dejando paso a unos nubarrones cada vez más grises, que dieron por finalizada la efímera primavera, para comenzar a mostrar lo que algunos poetas han dado en denominar “las lágrimas de los dioses” o, lo que es lo mismo, una impenitente lluvia, que hacía olvidar el acto de sedición que había llevado el sol a cabo durante toda la mañana. Todo volvía a encauzarse hacia lo que se podría calificar de normal: “diciembre, día de navidad, con frío y lluvia melancólica”.


Recuerdo que, en innumerables ocasiones, mi abuela decía sentirse muy influenciada por el tiempo, y puedo dar fe de que era totalmente cierto: en los días grises y lluviosos, su ánimo llegaba hasta límites de tristeza infinitos, para levantarse con los días soleados y apacibles de la primavera y el verano. “En otoño, con la caída de la hoja, muchos enfermos mueren: cada hoja caída, es un enfermo muerto”, solía decir con frecuencia, demostrando así la importancia que le daba al clima en su vida. A mí, por mi corta edad, me parecía curioso que algo así pudiera suceder, pero era tan real como los dolores artríticos que sufría con los cambios bruscos de tiempo. Por aquella época, en mi ánimo nunca influía el estado climatológico; hoy, muchos años después, sigue sin hacerlo. No era cuestión de edad: creo que tiene más que ver con lo influenciable de las personas. De hecho, en ese día de navidad, no solo no alteró en nada el tiempo mi estado de ánimo, sino que, con ese giro inesperado primavera-invierno dio la impresión de que fuera él quien se adecuara a mí, acompañándome en mi triste soliloquio interno, motivado por estas malditas fechas, que siempre me llenan de melancolía, de inusitada tristeza.

Hoy, mientras escribo esto, un glorioso sol entra por la ventana: Si alguna vez hubiera deseado ser influenciado por la climatología, sin duda sería hoy. Espero que alguien pueda aprovechar este clemente tiempo, y le sirva para levantar la moral en estos duros tiempos que nos ha tocado vivir. Que, sea por la causa que sea, la gente pueda olvidarse de sus problemas por un tiempo, y dejen abierta la ventana hacia la esperanza. AMÉN