Nadie espera nada de ti, ¿y qué culpa tienen de ver lo evidente?.
La frase del día
El hombre puede vivir unos cuarenta días sin comida, unos tres días sin agua, unos ocho minutos sin aire, pero sólo un segundo sin esperanza.” —
lunes, 18 de mayo de 2015
Las viejas sensaciones, cuando vuelven a anidar en tu interior, no dejan de ser meras aves caprichosas que revuelven tu mundo hasta ponerlo completamente del revés. No por conocidas dejan de hacerte menos daño; al contrario, te encuentran más débil, con menos defensas, haciendote sentir que, pese a los intentos vanos que has hecho ante el espejo por sentir que eres alguien, no vales más que la nada que te envuelve, que el abismo a cuyo filo te asomas y no te atreves a saltar. Tomas consciencia de que por mucho que te quieras convencer, no eres más que una mierda difusa y confusa. Un ente perdido en un mundo interior tan rico como inmisericorde.
Nadie espera nada de ti, ¿y qué culpa tienen de ver lo evidente?.
Nadie piensa en ti.
Nadie espera nada de ti, ¿y qué culpa tienen de ver lo evidente?.
LA PRINCESA DE MIS SUEÑOS
Duele tanto el saber
que nunca más te volveré
a tener en mis labios...
moriré pensando que
nunca supe retener al ser que más he amado.
Y ahora te busco, sin razón
fuí yo quien dijo que no...
que nunca más te volveré
a tener en mis labios...
moriré pensando que
nunca supe retener al ser que más he amado.
Y ahora te busco, sin razón
fuí yo quien dijo que no...
sábado, 16 de mayo de 2015
SIMPLEMENTE GRACIAS
Hoy quiero agradeceros de forma muy especial todas las visitas que estoy recibiendo en este, mi/nuestro/vuestro blog. Esta última entrada ha resultado muy dura, ya que ha sido la primera en la que he sentido como el bloqueo que me ha atenazado en estos últimos meses ha ido desapareciendo, aunque ha dejado una red que aún me impide escribir con soltura. Sé que aún no es lo suficientemente bueno, y espero que por eso me disculpeis: prometo hacer todo lo posible para recuperar un nivel mínimamente aceptable.
SINCERAMENTE, GRACIAS.
DUENDE SATÍRICO
SINCERAMENTE, GRACIAS.
DUENDE SATÍRICO
viernes, 15 de mayo de 2015
PACTO HONRADO
Tal y como nos suele suceder con la música, hay giros idiomáticos que nos van acompañando a lo largo de nuestra vida; y es que el lenguaje, como ente vivo que es, va evolucionando al tiempo que nosotros mismos y, por igual, se va enriqueciendo de nuestras experiencias. La mayor parte de estas (y normalmente las más antiguas), son frases heredadas de nuestros mayores. En mi caso, como buen castellano y descendiente de dos ramas familiares de aquella tierra, los refranes pueblan mi universo lingüístico, sin que dejen pasar ocasión para salir como socorridas muletillas que, normalmente por desgracia, siempre resultan acertados. Y lo cierto es que no hay jornada en la que no salga alguno de estos aforismos (porque, sin duda, constituyen auténticos aforismos), con la consiguiente carga de sabiduría popular y de cariñosa añoranza; porque, si algo tienen, es una carga de anamnesis cariñosa para con aquel que grabó esa sentencia a fuego en nuestro carácter. En definitiva, esos dichos son un compendio de tradición, sabiduría y cariño que nuestros mayores han sabido acertadamente transmitirnos. ¿El resto?; enseñanzas adquiridas a lo largo de nustra vida, vivencias, lecturas, conversaciones, etc...
Todo esto viene a mi mente precisamente a cuenta de una analecta que lleva un tiempo rondándome y que tuvo a bien enseñarme García Márquez en uno de sus muchos escritos. Y es que Gabo afirmaba que "El secreto de una buena vejez no es otra cosa que un pacto honrado con la soledad"; y lo cierto es que no se equivocaba. No es que esté empezando a alcanzar edad ya provecta, ni mucho menos, pero lo cierto es que ya hace algunos años se produjo un hecho que ha marcado un antes y un después en mi existencia. El hecho en sí no importa aunque, como muchos de los que nos marcan más hondamente, es carácter sentimental. Desde aquella hégira, muchas cosas dentro de mí han cambiado, aunque pese a ello, no me atrevo a afirmar que para mejor. Lo que sí voy viendo a la luz de los tiempos, es que durante todo este periplo me he hallado perdido, y de la peor manera en la que se pueda caer: la del que ni tan siquiera es consciente de estarlo. Y por la aceptación de esta realidad, es por la que últimamente estoy examinando muchos aspectos de mi vida para poder al menos tomar consciencia del lugar en el que se hallan parados mis pies. Y eso es algo que, necesariamente, debo hacer desde la soledad. Desde hace unas semanas he establecido ese pacto honrado con la soledad, para poder lograr una mayor altura de miras y un grado necesario de equidad: ni quiero querer, ni quiero que me quieran. Solo necesito ser yo y por un momento pararme, dejando de mirar hacia adelante, para volver la vista hacia mi interior. Hace no demasiado tiempo, he intentado acercarme al epicentro de aquel cataclismo que conmocionó mi vida, y lo único que he sacado en claro es que se hace más que necesario un soliloquio para completar mi viaje interior hacia mí mismo, huyendo de cualquier sentimiento, enterrándolo y caminando en absoluta cordialidad hacia ese pacto, con la única compañía de mis viejas amigas: la melancolía y la soledad. Y es que cuando únicamente encuentras palabras dolorosas y desconfianza, casi es mejor desandar un poco, para poder llegar finalmente más lejos.
Todo esto viene a mi mente precisamente a cuenta de una analecta que lleva un tiempo rondándome y que tuvo a bien enseñarme García Márquez en uno de sus muchos escritos. Y es que Gabo afirmaba que "El secreto de una buena vejez no es otra cosa que un pacto honrado con la soledad"; y lo cierto es que no se equivocaba. No es que esté empezando a alcanzar edad ya provecta, ni mucho menos, pero lo cierto es que ya hace algunos años se produjo un hecho que ha marcado un antes y un después en mi existencia. El hecho en sí no importa aunque, como muchos de los que nos marcan más hondamente, es carácter sentimental. Desde aquella hégira, muchas cosas dentro de mí han cambiado, aunque pese a ello, no me atrevo a afirmar que para mejor. Lo que sí voy viendo a la luz de los tiempos, es que durante todo este periplo me he hallado perdido, y de la peor manera en la que se pueda caer: la del que ni tan siquiera es consciente de estarlo. Y por la aceptación de esta realidad, es por la que últimamente estoy examinando muchos aspectos de mi vida para poder al menos tomar consciencia del lugar en el que se hallan parados mis pies. Y eso es algo que, necesariamente, debo hacer desde la soledad. Desde hace unas semanas he establecido ese pacto honrado con la soledad, para poder lograr una mayor altura de miras y un grado necesario de equidad: ni quiero querer, ni quiero que me quieran. Solo necesito ser yo y por un momento pararme, dejando de mirar hacia adelante, para volver la vista hacia mi interior. Hace no demasiado tiempo, he intentado acercarme al epicentro de aquel cataclismo que conmocionó mi vida, y lo único que he sacado en claro es que se hace más que necesario un soliloquio para completar mi viaje interior hacia mí mismo, huyendo de cualquier sentimiento, enterrándolo y caminando en absoluta cordialidad hacia ese pacto, con la única compañía de mis viejas amigas: la melancolía y la soledad. Y es que cuando únicamente encuentras palabras dolorosas y desconfianza, casi es mejor desandar un poco, para poder llegar finalmente más lejos.
jueves, 19 de febrero de 2015
ENCRUCIJADA
¡Qué se puede decir cuando no hay ánimo para que broten las palabras!. El silencio puede quebrarlas, y quebrar con ellas el ánimo. El ruído puede quebrar el silencio, pero con él llevarse los escasos restos de humanidad que aún moran en tu interior. Mejor, en estos casos, mantener plática y soliloquios con el febril espejo, aunque solo devuelva una caricatura grotesca. Mejor mantenerse vivo en el ágora, ser cascabel y devolver sonrisas.
Mejor ser duende que aulla a la luna, bajo la lluvia nocturna. Mejor escuchar el eco solitario de los gritos, hermanarse con los lejanos lobos que obsevan al aterido duende desde la espesura oscura y triste del bosque.
Mejor ser duende que aulla a la luna, bajo la lluvia nocturna. Mejor escuchar el eco solitario de los gritos, hermanarse con los lejanos lobos que obsevan al aterido duende desde la espesura oscura y triste del bosque.
miércoles, 24 de diciembre de 2014
FELIZ NAVIDAD
Quiero desearos a todos, los muchos o los pocos (mas todos especiales), unas muy felices navidades, y dedicaros una canción muy típica de estas fechas, aunque nunca haya entendido el porqué, dada su dureza; pero siempre maravillosa.
FELIZ NAVIDAD de parte de vuestro DUENDE.
FELIZ NAVIDAD de parte de vuestro DUENDE.
domingo, 12 de octubre de 2014
jueves, 11 de septiembre de 2014
LARGO SILENCIO A MODO DE EPÍLOGO
Durante muchos meses he huído del mar blanco, por miedo a profundizar en mis sentimientos, esos mismos que estuvieron muy cerca de llevarme a pedir cita con Caronte: hasta la moneda tenía ya preparada, si soy sincero. Hoy, he vuelto a retomar mi actividad, a enfrentarme a mis viejos fantasmas, no porque hayan dejado de doler, si no porque sus golpes me son me son ya más soportables. Quizás sea que ya no azotan con tanta fuerza, o que yo estoy más fuerte, o tal vez una mezcla de ambas; pero lo cierto es que hoy me apetecía escribir, volver a aporrear el teclado (tan inutil durante tanto tiempo...), sentirme vivo en mis escritos, tal y como lo hice en el pasado. Ahora, al escribir estas lineas, me doy cuenta de que nada va a ser igual, pero que la literatura sigue siendo mi vida, como lo ha sido siempre desde que, con dieciseis años, terminé mi primer escrito. Hoy no voy a extenderme mucho más, ni me voy a perder en reflexiones, que para eso ya habrá entradas posteriores. Solo quiero enviar tres mensajes, para concluir. El primero es para los que, pese a mi silencio, han seguido asomándose a este pequeño trozo de mi alma: Gracias de todo corazón.
El segundo es para mi alter ego, Duende Satírico, que muchas veces forma parte de mi y otras cobra vida y me es totalmente ajeno. Sal a la vida de nuevo, no tengas miedo del sol; recuerda, como yo lo estoy haciendo ahora, las palabras del maestro sevillano, ese que tantas y tantas veces nos ha acompañado:
Caminante, son tus huellas
el camino y nada más;
Caminante, no hay camino,
se hace camino al andar.
Al andar se hace el camino,
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.
Caminante no hay camino
sino estelas en la mar.
No dejes que te inunde de nuevo la tormenta de la oscuridad y ¡respira! ¡vive!
Y el tercero y último, como no podía ser de otra manera, es para ella, para mi eterna gata, mi dulce niña. La mujer más amada y la más idolatrada, ahora que sé que jamás volverás a estar en mi vida, puedo decirte todas y cada una de las palabras de esta canción, y dedicártelas M.B.S. con todo el cariño del mundo. No dejes que te inunde de nuevo la tormenta de la oscuridad y ¡respira! ¡vive!
El segundo es para mi alter ego, Duende Satírico, que muchas veces forma parte de mi y otras cobra vida y me es totalmente ajeno. Sal a la vida de nuevo, no tengas miedo del sol; recuerda, como yo lo estoy haciendo ahora, las palabras del maestro sevillano, ese que tantas y tantas veces nos ha acompañado:
Caminante, son tus huellas
el camino y nada más;
Caminante, no hay camino,
se hace camino al andar.
Al andar se hace el camino,
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.
Caminante no hay camino
sino estelas en la mar.
No dejes que te inunde de nuevo la tormenta de la oscuridad y ¡respira! ¡vive!
Y el tercero y último, como no podía ser de otra manera, es para ella, para mi eterna gata, mi dulce niña. La mujer más amada y la más idolatrada, ahora que sé que jamás volverás a estar en mi vida, puedo decirte todas y cada una de las palabras de esta canción, y dedicártelas M.B.S. con todo el cariño del mundo. No dejes que te inunde de nuevo la tormenta de la oscuridad y ¡respira! ¡vive!
domingo, 25 de mayo de 2014
Entre los dedos
Siempre hay algo que agradecer.
Si un rasgo ha acariciado siempre mi forma de ser, es el de saber que tras
cualquier situación, por mala que sea, siempre hay un pequeño resquicio que,
benevolentemente, llamamos “lado bueno”, para poder continuar adelante sin dejarnos
la vida en el intento, aunque en demasiadas ocasiones, se nos vaya quedando el
alma. Tardas en darte cuenta, en encontrarlo, y ese supongo que es el principal
componente del tiempo de duelo.
Así me encuentro yo ahora,
mirando, rebuscando, olisqueando entre la inmundicia de mis recuerdos y
sentimientos muertos, intentando hallar ese pequeño detalle de gracia que me
permita continuar. Hasta ahora no he tenido demasiada suerte, y sigo penando
por los días, perdiendo el tiempo de mi vida, que se me va escapando entre los
dedos, sin que pueda hacer nada por evitarlo. Y es que he llegado a la
conclusión de estar huero por dentro, perdido y sin esperanza, mirando hacia el
horizonte de un océano que te ha tornado a la luz del sol como una masa de
sangre en la que se va ahogando mi existencia. Pero tengo que ser agradecido, y
dar mis más efusivas congratulaciones, para no parecer descortés por el favor
otorgado; para no levantar ampollas ni lanzar acusaciones que puedan dar lugar
a un sentimiento de culpabilidad inexistente y que, como en todas las cosas que
no son, resulta absurdo detenerse.
De modo que, llegado a este punto,
debo agradecer que me hayan extirpado el alma, que en pedacitos reposa en el mismo cajón en el que guardo el álbum de
fotos. Sin ella, el corazón ha pasado a tomar su definición anatómica exacta:
se ha quedado en un músculo, sin más; un músculo tonto e insensible que
funciona por inercia. ¿y qué es lo que hay que agradecer en todo esto?; la
respuesta es bien sencilla: Gracias a todo esto, no me lo van a poder romper
más. Viendo cómo estoy y cómo lo estoy pasando, realmente eso es una suerte.
miércoles, 21 de mayo de 2014
SIMPLEMENTE MALVIVIR (ALMA DE DUENDE III)
Creo que a nadie que me conozca se le
escapa que no estoy pasando precisamente lo que se llama un momento
dulce. Ahora mismo me encuentro en unas circunstancias en las que no
tengo peor enemigo que yo mismo, ni persona que peor me trate que ese
que cada mañana se asoma al espejo a enseñarme, sin paliativos, la
cara de un hombre derrotado. Hace ya bastante tiempo que llevo un
semi retiro de charlas nocturnas, porque considero que alguien que
solo puede aportar amargura, lo mejor que puede hacer es retirarse en
silencio, a ladrarle a la luna y a mostrarle solo a ella las lágrimas
que cada día, sin excepción alguna, me siguen acompañando. Y es
que a nadie le gusta mostrar el lado derrotado de su cara, el páramo
yermo y hostil en que se ha convertido un interior devastado. De la
misma manera, con mis amigos cercanos me sucede lo mismo: rehuyo del
contacto por no tener nada que aportar, por considerar que en estos
instantes no soy si no una carga que solo puede añadir tristeza a
una situación que, en mayor o menor medida, lo que necesita es gente
que aporte todo lo contrario a pesadumbre, tristeza y soledad. En
cuanto a la escritura, siento que tengo un bloqueo motivado por la
situación en que me encuentro, y que me convierte en un ágrafo
monotemático incapaz de redactar dos lineas sin que toda la
sensación de abulia y melancolía rezume por los cuatro costados,
provocándome aún más dolor al obligarme a mirar a la cara a mis
fantasmas, así que he desistido de intentarlo hasta que no vaya
pasando el tiempo y comience a sentir que tengo las fuerzas
necesarias para abstraerme de mi realidad y comenzar a retomar la
senda del deleite que provoca el escribir. Esta es la situación en
la que ahora mismo se encuentra el Duende Satírico. Y tengo la
sensación de que todo esto va a ser algo que me acompañe aún por
una larga temporada.
Ayer me pasó algo que me hizo pensar
en todo esto. Fui a ver a un amigo, a un hermano de esos que hay
pocos, de los que siempre tienen la sonrisa presta, los brazos
abiertos y la palabra justa, aunque no sea esa la que quieres, pero
sí la que necesitas escuchar. Me recibió con palabras de reproche,
por toda la tristeza que estaba destilando las cosas que de mí iba
leyendo y, aunque fueron pocas y enseguida retomó la conversación
por derroteros más amables, su mirada me lo dijo todo: sentía
preocupación y cierta dosis de angustia por mí. Su mujer
(maravillosa persona, de las que tienen valores envidiables), se tuvo
que marchar, no si antes prometerme que la iba a escuchar en cuanto
tuviera la ocasión de poder hablar conmigo, y dejándome con la
espada de Damocles de la perorata que me espera, marchó. Y sé que
es de las que cumplen su palabra, así que no me cabe la duda de que
así será, y por ello solo puedo agradecerle el cariño que va
implícito en esta actitud, bañada de una preocupación por alguien
a quien, de este modo, le está demostrando un cariño que, como
receptor, no puedo más que agradecerle. Y todo esto me hizo tomar
consciencia de que hay días que escribo cosas tan terribles que lo
único que estoy consiguiendo es preocupar a los que bien me quieren.
Hasta ahora no me había dado cuenta de ello, supongo que por la
comparación entre lo que me digo para mis adentros y lo que dejo que
se vea, bastante más suave, menos cruento y más comedido.
Creo que procede pedir una disculpa a
todos los que estoy preocupando con mi comportamiento y aislamiento,
pero es realmente me sale así. Un corazón no se muere cuando deja
de latir, si no cuando ha perdido el motivo por el que latir. Y
resulta tremendamente duro asomarse cada día al espacio de sus ojos,
sin llegar a verlos; acampar fuera de la patria de su piel, que es la
única tierra que conozco como mía, mientras espero a ver su imagen
reflejada en el espejo, situándose junto a mí. Y es que resulta
doloroso ser apátrida mientras añoras volver al olor, al calor, a
las miradas cómplices y las sonrisas que hacen que salga el sol. El
sábado hice algo estúpido, por lo que luego me disculpé, motivado
solo por lo que me provocó el ver a mi hija llorando conmigo por lo
que ambos la echábamos de menos, y su angustia por ver a su padre
llorar desconsoladamente, como si fuera un niño, algo a lo que no
está acostumbrada. Y es que todo lo que ahora mismo estoy haciendo
es provocar dolor y sufrimiento a mis seres queridos. Es por todo
esto que quiero pediros disculpas, y prometer que algún día, os lo
devolveré, aunque esta sensación siempre me acompañe, porque si
algo tengo claro es que tengo que enseñarme a vivir con ello, ya que
desterrarlo o superarlo es del todo imposible, enterrado en una
eterna melancolía y la terrible añoranza del ser amado, que voy a
llevar en mi alma hasta el día en que muera.
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