La frase del día

Donde no hay futuro ¿cómo puede haber pecado?

Sex pistols "sex on 45"

martes, 26 de agosto de 2008

Distracciones mundanas

La amplitud de miras con que cada cual dota a su cosmovisión, es una ardua tarea de aprendizaje en la que se produce una mezcolanza de experiencias, realidades externas, aficiones propias, anhelos y metas logradas. Se van formando desde la adolescencia, y va mutando a medida que van pasando los años y, mientras quemas ciclos vitales (pubertad, adolescencia, juventud...) va moldeándose como la arcilla, hasta alcanzar la perfección poco antes de la muerte: a mayor edad, mayor capacidad para observar el mundo. Es por esto que, cuando se alcanza edad provecta, la sabiduría aumenta, a costa de los anhelos por lograr, que comienzan a ser metas inalcanzables, lo que propicia la falta de ilusión en muchos ancianos; “hemos dado a los viejos más años de vida, pero no les hemos enseñado qué hacer con ello”, escribía el maestro Antonio Gala en una de sus memorables troneras. Y resulta de ello el natural contrapunto de ver como las personas ancianas se encuentran cada vez más perdidas en un mundo que ya no es el suyo, que ya ni les pertenece, ni les necesita y, lo que es peor, ni les acepta. Triste realidad, con pequeños y excepcionales brochazos (que confirman la maldita regla); peor que no por ello deja de ser más cierta.
En las sociedades modernas, tecnificadas, sus miembros deben andar deprisa, tener anhelos y, sobre todo, contribuir a la causa con rendimiento (a ser posible en efectivo). A todos los que no cumplen algunos de estos requisitos, sus mismos congéneres les apartan, denigran y condenan al ostracismo, sin que pueda haber ningún tipo de compasión, es por esto que los viejos son mirados como restos de algo que fue, como leves vestigios de alguien a quien se le puede gritar en la cara “usted no es nada, usted ya no es usted”, y apartar sin mayores miramientos. En las sociedades menos desarrolladas (?) esto no suele suceder: el patriarcado está asentado firmemente en lo más alto de la estructura social, y las ancianos suelen formar parte de la cúpula dirigente, y sus voces son escuchadas, acatadas y respetadas como fuentes de experiencia. En algunos puntos de África, algunas tribus afirman que cuando muere un viejo, muere una biblioteca. Una frase bella, que resume el sentir de una gente que sabe muy bien que las vivencias amplias de una persona se traducen inevitablemente en una sabiduría que no se aprende en los libros, pero que a la hora de afrontar la vida suelen resultar más útiles que cualquier tratado filosófico.
Aprendamos a convivir con los ancianos viéndo en ellos algo más que los despojos de alguien que, hace algún tiempo fue útil, a valorarlos debidamente y, sobre todo, a darles algo que les ayudará sin duda a rellenar el enorme vacio de sus últimos años de vida: cariño

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