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sábado, 18 de octubre de 2008

Victoria Francés y Ayami Kojima







El arte ha alcanzado en este aún bisoño siglo cotas realmente altas, de la mano de disciplinas que tradicionalmente han sido catalogadas de menores por los críticos más puristas, que al final han tenido que rendirse a la evidencia, debiendo aceptar que la expresión creativa se ha abierto un hueco a través de los tiempos, se ha adaptado a las nuevas corrientes, y ha buscado con brillantez una expresividad que ha terminado calando en las más jóvenes generaciones, para alcanzar así el aplauso unánime de la gran masa. Este es el caso de las que para mí son las dos mejores ilustradoras de finales del siglo pasado y principios del presente: Victoria Francés y Ayami Kojima.
Española y valenciana, Victoria Francés es licenciada en Bellas Artes por la universidad de Valencia. Pasó gran parte de su vida en Galicia, lo que le permitió entrar con el mundo esotérico y místico que encierra aquella tierra. Completó su galería de influencias con una serie de viajes que le llevó por diferentes capitales europeas. Hasta aquí hubiera podido ser la vida de cualquier estudiante normal, pero en el año 2004 se comenzó a fraguar su leyenda con la publicación de Favole: lágrimas de piedra, primer libro de una trilogía que llevaría a su autora al éxito más rotundo, con el beneplácito de público y crítica.
El caso de Ayami Kojima es, sin lugar a dudas, bastante más pintoresco; más de cuento de hadas. La ilustradora japonesa trabajaba para una multinacional como secretaria, y fue descubierta por casualidad, y fichada de inmediato por Konami, que le encargó las ilustraciones de ese clásico de los videojuegos llamado Castelvania. La técnica que utiliza en sus dibujos combina una serie de técnicas que comienza con la tinta y acaba con resina sintética, par dar un mayor relieve a sus obras; pero lo más sorprendente de todo es que no tiene estudio plástico alguno, y que su arte brota de una determinación maravillosa que solo se puede encontrar en los genios autodidactas.
Hace poco, en uno de los paseos que hago por la red, encontré a dos internautas discutiendo acerca de quién era mejor dibujante, y la verdad es que cualquiera de los argumentos esgrimidos por ambos bien pudieran ser tildados de acertados como igualmente de erróneos, que en materia de arte jamás se puede ser tan taxativo como lo eran dichos contertulios. En mi opinión, ambas dibujantes son el más claro exponente de lo que hoy en día es el arte, una vez que han desaparecido los pintores de cámara, y los maravillosos retratistas de este país se dedican a malvender su don divino por los paseos de los pueblos costeros de nuestro litoral. Podeis observar en las ilustraciones que acompañan este escrito que la técnica de las dos artistas roza la perfección, sin que nadie pueda decantarse por una u otra sin atenerse a razones del todo subjetivas. Mi predilecta es sin duda Victoria Francés, pero eso no significa que no deba quitarme el sombrero ante las ilustraciones de la japonesa. Mi favoritismo viene motivado por los sentimientos: los dibujos de la valenciana me turban, me conmueven; me transmiten en todo momento sufrimiento, amor roto, separación y nostalgia, mientras que los de Kojima me dejan frío, indiferente (aunque también con la boca abierta). Me parecen meras plantillas que no dejan ver la sique del personaje.
Sea como fuere, sendas obras son dignas de ser vistas, admiradas y veneradas a partes iguales. Para gustos, los colores: elijan el suyo.

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