La frase del día

Donde no hay futuro ¿cómo puede haber pecado?

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viernes, 16 de noviembre de 2012

LA ERA DE LA INFORMACIÓN




                Tenemos la creencia de que pasan muchas cosas que antes no pasaban, que el mundo se ha vuelto loco, que ahora todos estamos desquiciados, y resulta erróneo pensar algo así. Siempre he tenido la creencia de que el idioma es el mejor adn que se puede estudiar a la hora de aprender cosas del pasado. Es el referente más claro de la existencia de todas las cosas.  Como ejemplo ilustrativo, podríamos poner una palabra como incesto. Esa no es ni mucho menos una palabra moderna, ya que tiene su correspondiente antecesora latina, lo cual nos puede dar una idea bastante aproximada del tiempo en el que se comenzaron o, al menos, ya se realizaban estas prácticas de dudosa moralidad. Es de suponer que muchos penséis que ahora es cuando se realizan este y otros actos más o menos punibles, pero lo cierto es que son tan antiguos como la humanidad, de ahí que ya existieran palabras para designarlos.  La diferencia principal es solamente, que tenemos constancia de ello.
                Nos hallamos en una época en la que la información nos bombardea por todas partes, inundando nuestras retinas y oídos desde radio, televisión, internet, etc…  Ahora sabemos al minuto si un monzón ha provocado un centenar de muertos en Bali, o si un hombre se ha armado  con un rifle y ha ocasionado una masacre en Finlandia; pero también si hay una exposición en Londres, un hallazgo arqueológico en el Machu-Pichu y así podría continuar con cientos de ejemplos, hasta conseguir saturar nuevamente vuestras retinas. Hace un tiempo, se decía que la información era poder, pero solo era por que era exclusiva de unos cuantos que, normalmente eran los más poderosos y, merced a sus contactos, podían seguir siéndolo aún más. De ahí esa creencia que hoy, como otras muchas, han quedado ya en el olvido y devaluadas.
                Porque sin duda, hoy la información ya no es poder. Cuando hay una moneda antigua única, su valor es incalculable; pero si de repente aparecen doscientas cincuenta mil en una nueva excavación arqueológica, su valor disminuye a cero. Y eso es precisamente lo que ha pasado con la información: todo el mundo tiene en sus manos un altavoz que da al mundo, y comparte con rapidez asombrosa su descubrimiento, poniéndolo así a disposición del mundo entero. Y esto, que podría ser algo maravilloso, se está convirtiendo en algo pernicioso. Disponer de demasiada información, hace que se caigan mitos, que se derriben férreas ideas, provocando así no una sensación de poder, si no de dolor. Es una lástima que la socialización e la información esté matando a su vez las ganas de informarse, de saber de mucha gente, entre la que me cuento.
                Creo que va siendo hora de ir volviendo de forma controlada al estadio que siempre se ha denominado “la felicidad del ignorante”,  a disfrutar del no saber algo que nos pueda dañar. Hay quien pensará que no es más que una forma de cobardía, pero el protegerse de cosas que nos creen dolor, es más que una obligación, es puro instinto de supervivencia.

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