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jueves, 30 de julio de 2015

FILOSOFÍA DE VIDA I: LA NATURALEZA DEL ESCORPIÓN

Tal y como me contaron la historia, rezaba algo así:

 En una vereda de un río, se encontraron un día un sapo y un escorpión. Las recientes lluvías habían hecho que las aguas fueran más altas, con lo que era muy complicado pasar al otro lado. Ambos miraban a la otra parte del rio, estudiando el modo de pasar. El sapo, que no tenía problema alguno, iba a meterse al agua cuando el escorpión le dijo: "Amigo sapo, ¿podrías ayudarme a cruzar al otro lado?. Tengo que ir, y no sé cómo cruzar. Podría subirme a tu espalda y juntos pasaríamos". El sapo miró desconfiado y contestó: "no, porque me picarás en la espalada y moriré". El escorpión replicó: "si te pico, ambos nos hundiremos y moriremos ahogados, así que sería absurdo que lo hiciera". El sapo, no convencido del todo, pero conmovido por la necesidad del alacrán, finalmente aceptó; y así lo hicieron: el escorpión se subió a la espalda y comenzaron a cruzar el río. Cuando se hallaban más o menos en la mitad, el sapo sintió una fuerte punzada en la espalda: el escorpión le había picado. Enseguida comenzó a notar que el veneno hacía efecto y comenzó a hundirse. Poco antes de morir, el sapo preguntó: " sabías que si me picabas, ambos moriríamos: ¿por qué lo has hecho?". El escorpión, muy serio, le contestó: "¿qué esperabas?; es mi naturaleza".

Sé que es esta una historia bastante conocida. Hace muchos años que me la contaron y entonces era muy poco conocida. desconozco el origen y el autor, pero lo cierto es que me parece llena de sabiduría. Lo que más me gusta es que es de esas enseñanzas que recuperan la tradición oral: de no ser por la existencia de la red, creo que sería complicado encontrar constancia escrita. De todos modos, es este un dato que desconozco, pero me recuerda cuando me sentaba, hace ya muchos años, en la cocina de mi casa, al calor de la cocina de leña y mi abuela me contaba relatos de crímenes reales, en forma de canción, que le había contado así mismo su suegra muchos años atrás. Es una lástima que no alcance ya a recordar ninguno de ellos, y que todo eso se haya ido muriendo con la desaparición de nuestros ancestros.
Centrándome en la historia, a lo largo de mi vida he podido comprobar que lo que cuenta es cierto: la gente es fiel a su naturaleza, y sus actos van respondiendo a ella. Es por eso que hay que tener bastante afilados los sentidos a la hora de penetrar en la personalidad y cosmovisión de todos los que te vas encontrando en tu camino. Es esta una tarea ingrata, ya que te obliga a estar siempre en guardia y, por deficnición, siempre vas a errar con alguien: es esto lo que comunmente se denomina "decepción". Normalmente suelen existir en esto dos tipos: la primera se produce porque te han sabido esconder realmente bien la naturaleza de su alma (hay auténticos maestros en todo esto). La segunda, se da por una mezcolanza de esperanza y compasión, que nunca se produce a partes iguales.
En el primero de los casos, resulta terrible ese gusto agridulce que se te queda en el paladar del alma al sentirte engañado. Te das con todo lo que tienes, para a la postre terminar traicionado; para sentir de repente esa punzada en la espalda, la misma que sintió el sapo, dejándote además una expresión de incredulidad inmensa; porque, normalmente, quien te hace eso suele ser de las personas en las que más has confiado, con lo que el veneno hace el mismo efecto, pero de una forma más dolorosa.
El el segundo, normalmente suele mezclarse un sentimiento amoroso de algún tipo (de pareja, filial, de amigo, etc...). Se produce cuando pese a haber visto venir por dónde puede caerte la hostia, sigues intentando ayudar a esa persona, movido por unos sentimientos usualmente nobles, que siempre van acompañados de los consejos de turno de los que se mueven en tu ambiente y, preocupados, tratan de disuadirte y hacerte ver tu error, sin darse cuenta de que no es que no lo veas, si no que prefieres obviarlo por confianza en la naturaleza humana. Siempre he pensado que sabemos que va a ser una equivocación pero que la esperanza y la misericordia hacen bien su trabajo y te empujan a tratar de ayudar. Y es que también existen escorpiones que, por naturaleza, tienen que prestar ayuda, porque, simplemente, son así.
Hace unas semanas, hablando con un amigo bastante mayor que yo, me dijo una frase que podría resumir a la perfección la sabiduría de historia, con un pragmatismo y rotundidad propios de alguien que ya cuenta con la experiencia vital de su lado: "No te confundas, que el que nace hijo de puta, muere hijo de puta" Y yo, que ya me encuentro en el ecuador de mi vida, querría creer que no es así, pero todo está en mi contra y no puedo por más que dar mi brazo a torcer. Hay gente que logra enderezar cosas, cambiar algunos aspectos de su personalidad y su vida que le son perniciosos a él mismo y a los de su entorno; pero la esencia del ser humano permanece inalterada durante toda su trayectoria vital.

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