La frase del día

El hombre puede vivir unos cuarenta días sin comida, unos tres días sin agua, unos ocho minutos sin aire, pero sólo un segundo sin esperanza.” — CHARLES DARWIN

jueves, 11 de septiembre de 2014

LARGO SILENCIO A MODO DE EPÍLOGO

     Durante muchos meses he huído del mar blanco, por miedo a profundizar en mis sentimientos, esos mismos que estuvieron muy cerca de llevarme a pedir cita con Caronte: hasta la moneda tenía ya preparada, si soy sincero. Hoy, he vuelto a retomar mi actividad, a enfrentarme a mis viejos fantasmas, no porque hayan dejado de doler, si no porque sus golpes me son me son ya más soportables. Quizás sea que ya no azotan con tanta fuerza, o que yo estoy más fuerte, o tal vez una mezcla de ambas; pero lo cierto es que hoy me apetecía escribir, volver a aporrear el teclado (tan inutil durante tanto tiempo...), sentirme vivo en mis escritos, tal y como lo hice en el pasado. Ahora, al escribir estas lineas, me doy cuenta de que nada va a ser igual, pero que la literatura sigue siendo mi vida, como lo ha sido siempre desde que, con dieciseis años, terminé mi primer escrito. Hoy no voy a extenderme mucho más, ni me voy a perder en reflexiones, que para eso ya habrá entradas posteriores. Solo quiero enviar tres mensajes, para concluir. El primero es para los que, pese a mi silencio, han seguido asomándose a este pequeño trozo de mi alma: Gracias de todo corazón.

   El segundo es para mi alter ego, Duende Satírico, que muchas veces forma parte de mi y otras cobra vida y me es totalmente ajeno. Sal a la vida de nuevo, no tengas miedo del sol; recuerda, como yo lo estoy haciendo ahora, las palabras del maestro sevillano, ese que tantas y tantas veces nos ha acompañado:

                                        Caminante, son tus huellas
                                        el camino y nada más;
                                        Caminante, no hay camino,
                                        se hace camino al andar.
                                        Al andar se hace el camino,
                                        y al volver la vista atrás
                                        se ve la senda que nunca
                                        se ha de volver a pisar.
                                        Caminante no hay camino
                                        sino estelas en la mar.

   No dejes que te inunde de nuevo la tormenta de la oscuridad y ¡respira! ¡vive!

   Y el tercero y último, como no podía ser de otra manera, es para ella, para mi eterna gata, mi dulce niña. La mujer más amada y la más idolatrada, ahora que sé que jamás volverás a estar en mi vida, puedo decirte todas y cada una de las palabras de esta canción, y dedicártelas M.B.S. con todo el cariño del mundo. No dejes que te inunde de nuevo la tormenta de la oscuridad y ¡respira! ¡vive!

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