La frase del día

El hombre puede vivir unos cuarenta días sin comida, unos tres días sin agua, unos ocho minutos sin aire, pero sólo un segundo sin esperanza.” — CHARLES DARWIN

jueves, 11 de septiembre de 2014

LARGO SILENCIO A MODO DE EPÍLOGO

     Durante muchos meses he huído del mar blanco, por miedo a profundizar en mis sentimientos, esos mismos que estuvieron muy cerca de llevarme a pedir cita con Caronte: hasta la moneda tenía ya preparada, si soy sincero. Hoy, he vuelto a retomar mi actividad, a enfrentarme a mis viejos fantasmas, no porque hayan dejado de doler, si no porque sus golpes me son me son ya más soportables. Quizás sea que ya no azotan con tanta fuerza, o que yo estoy más fuerte, o tal vez una mezcla de ambas; pero lo cierto es que hoy me apetecía escribir, volver a aporrear el teclado (tan inutil durante tanto tiempo...), sentirme vivo en mis escritos, tal y como lo hice en el pasado. Ahora, al escribir estas lineas, me doy cuenta de que nada va a ser igual, pero que la literatura sigue siendo mi vida, como lo ha sido siempre desde que, con dieciseis años, terminé mi primer escrito. Hoy no voy a extenderme mucho más, ni me voy a perder en reflexiones, que para eso ya habrá entradas posteriores. Solo quiero enviar tres mensajes, para concluir. El primero es para los que, pese a mi silencio, han seguido asomándose a este pequeño trozo de mi alma: Gracias de todo corazón.

   El segundo es para mi alter ego, Duende Satírico, que muchas veces forma parte de mi y otras cobra vida y me es totalmente ajeno. Sal a la vida de nuevo, no tengas miedo del sol; recuerda, como yo lo estoy haciendo ahora, las palabras del maestro sevillano, ese que tantas y tantas veces nos ha acompañado:

                                        Caminante, son tus huellas
                                        el camino y nada más;
                                        Caminante, no hay camino,
                                        se hace camino al andar.
                                        Al andar se hace el camino,
                                        y al volver la vista atrás
                                        se ve la senda que nunca
                                        se ha de volver a pisar.
                                        Caminante no hay camino
                                        sino estelas en la mar.

   No dejes que te inunde de nuevo la tormenta de la oscuridad y ¡respira! ¡vive!

   Y el tercero y último, como no podía ser de otra manera, es para ella, para mi eterna gata, mi dulce niña. La mujer más amada y la más idolatrada, ahora que sé que jamás volverás a estar en mi vida, puedo decirte todas y cada una de las palabras de esta canción, y dedicártelas M.B.S. con todo el cariño del mundo. No dejes que te inunde de nuevo la tormenta de la oscuridad y ¡respira! ¡vive!

domingo, 25 de mayo de 2014

Entre los dedos



Siempre hay algo que agradecer. Si un rasgo ha acariciado siempre mi forma de ser, es el de saber que tras cualquier situación, por mala que sea, siempre hay un pequeño resquicio que, benevolentemente, llamamos “lado bueno”, para poder continuar adelante sin dejarnos la vida en el intento, aunque en demasiadas ocasiones, se nos vaya quedando el alma. Tardas en darte cuenta, en encontrarlo, y ese supongo que es el principal componente del tiempo de duelo.
Así me encuentro yo ahora, mirando, rebuscando, olisqueando entre la inmundicia de mis recuerdos y sentimientos muertos, intentando hallar ese pequeño detalle de gracia que me permita continuar. Hasta ahora no he tenido demasiada suerte, y sigo penando por los días, perdiendo el tiempo de mi vida, que se me va escapando entre los dedos, sin que pueda hacer nada por evitarlo. Y es que he llegado a la conclusión de estar huero por dentro, perdido y sin esperanza, mirando hacia el horizonte de un océano que te ha tornado a la luz del sol como una masa de sangre en la que se va ahogando mi existencia. Pero tengo que ser agradecido, y dar mis más efusivas congratulaciones, para no parecer descortés por el favor otorgado; para no levantar ampollas ni lanzar acusaciones que puedan dar lugar a un sentimiento de culpabilidad inexistente y que, como en todas las cosas que no son, resulta absurdo detenerse.
De modo que, llegado a este punto, debo agradecer que me hayan extirpado el alma, que en pedacitos reposa en el  mismo cajón en el que guardo el álbum de fotos. Sin ella, el corazón ha pasado a tomar su definición anatómica exacta: se ha quedado en un músculo, sin más; un músculo tonto e insensible que funciona por inercia. ¿y qué es lo que hay que agradecer en todo esto?; la respuesta es bien sencilla: Gracias a todo esto, no me lo van a poder romper más. Viendo cómo estoy y cómo lo estoy pasando, realmente eso es una suerte.

miércoles, 21 de mayo de 2014

SIMPLEMENTE MALVIVIR (ALMA DE DUENDE III)

Creo que a nadie que me conozca se le escapa que no estoy pasando precisamente lo que se llama un momento dulce. Ahora mismo me encuentro en unas circunstancias en las que no tengo peor enemigo que yo mismo, ni persona que peor me trate que ese que cada mañana se asoma al espejo a enseñarme, sin paliativos, la cara de un hombre derrotado. Hace ya bastante tiempo que llevo un semi retiro de charlas nocturnas, porque considero que alguien que solo puede aportar amargura, lo mejor que puede hacer es retirarse en silencio, a ladrarle a la luna y a mostrarle solo a ella las lágrimas que cada día, sin excepción alguna, me siguen acompañando. Y es que a nadie le gusta mostrar el lado derrotado de su cara, el páramo yermo y hostil en que se ha convertido un interior devastado. De la misma manera, con mis amigos cercanos me sucede lo mismo: rehuyo del contacto por no tener nada que aportar, por considerar que en estos instantes no soy si no una carga que solo puede añadir tristeza a una situación que, en mayor o menor medida, lo que necesita es gente que aporte todo lo contrario a pesadumbre, tristeza y soledad. En cuanto a la escritura, siento que tengo un bloqueo motivado por la situación en que me encuentro, y que me convierte en un ágrafo monotemático incapaz de redactar dos lineas sin que toda la sensación de abulia y melancolía rezume por los cuatro costados, provocándome aún más dolor al obligarme a mirar a la cara a mis fantasmas, así que he desistido de intentarlo hasta que no vaya pasando el tiempo y comience a sentir que tengo las fuerzas necesarias para abstraerme de mi realidad y comenzar a retomar la senda del deleite que provoca el escribir. Esta es la situación en la que ahora mismo se encuentra el Duende Satírico. Y tengo la sensación de que todo esto va a ser algo que me acompañe aún por una larga temporada.
Ayer me pasó algo que me hizo pensar en todo esto. Fui a ver a un amigo, a un hermano de esos que hay pocos, de los que siempre tienen la sonrisa presta, los brazos abiertos y la palabra justa, aunque no sea esa la que quieres, pero sí la que necesitas escuchar. Me recibió con palabras de reproche, por toda la tristeza que estaba destilando las cosas que de mí iba leyendo y, aunque fueron pocas y enseguida retomó la conversación por derroteros más amables, su mirada me lo dijo todo: sentía preocupación y cierta dosis de angustia por mí. Su mujer (maravillosa persona, de las que tienen valores envidiables), se tuvo que marchar, no si antes prometerme que la iba a escuchar en cuanto tuviera la ocasión de poder hablar conmigo, y dejándome con la espada de Damocles de la perorata que me espera, marchó. Y sé que es de las que cumplen su palabra, así que no me cabe la duda de que así será, y por ello solo puedo agradecerle el cariño que va implícito en esta actitud, bañada de una preocupación por alguien a quien, de este modo, le está demostrando un cariño que, como receptor, no puedo más que agradecerle. Y todo esto me hizo tomar consciencia de que hay días que escribo cosas tan terribles que lo único que estoy consiguiendo es preocupar a los que bien me quieren. Hasta ahora no me había dado cuenta de ello, supongo que por la comparación entre lo que me digo para mis adentros y lo que dejo que se vea, bastante más suave, menos cruento y más comedido.
Creo que procede pedir una disculpa a todos los que estoy preocupando con mi comportamiento y aislamiento, pero es realmente me sale así. Un corazón no se muere cuando deja de latir, si no cuando ha perdido el motivo por el que latir. Y resulta tremendamente duro asomarse cada día al espacio de sus ojos, sin llegar a verlos; acampar fuera de la patria de su piel, que es la única tierra que conozco como mía, mientras espero a ver su imagen reflejada en el espejo, situándose junto a mí. Y es que resulta doloroso ser apátrida mientras añoras volver al olor, al calor, a las miradas cómplices y las sonrisas que hacen que salga el sol. El sábado hice algo estúpido, por lo que luego me disculpé, motivado solo por lo que me provocó el ver a mi hija llorando conmigo por lo que ambos la echábamos de menos, y su angustia por ver a su padre llorar desconsoladamente, como si fuera un niño, algo a lo que no está acostumbrada. Y es que todo lo que ahora mismo estoy haciendo es provocar dolor y sufrimiento a mis seres queridos. Es por todo esto que quiero pediros disculpas, y prometer que algún día, os lo devolveré, aunque esta sensación siempre me acompañe, porque si algo tengo claro es que tengo que enseñarme a vivir con ello, ya que desterrarlo o superarlo es del todo imposible, enterrado en una eterna melancolía y la terrible añoranza del ser amado, que voy a llevar en mi alma hasta el día en que muera.

martes, 11 de marzo de 2014

GRACIAS (ALMA DE DUENDE II)



                Vivimos en un mundo desquiciado, eso nadie puede negarlo. Nada es ya lo que parece, y la vida cambia tan rápido, que los valores, la forma de vivir que nos inculcaron y nos dieron como cierta, van quedándose desfasadas a un ritmo vertiginoso. Pero hay muchas cosas que nunca podrán cambiar, porque forman parte de nuestro interior, y hacen que nuestra cosmovisión sea de una manera determinada. Hay demasiados que no tienen la suerte de conocer muchos aspectos de la vida que hacen maravillosa la existencia; sin lugar a dudas, una de ellas es el amor. Durante toda mi vida leí en muchos libros de su existencia y pensé haberlo experimentado. Pero todo fue falso, una ilusión, un sentimiento que creía haber experimentado. Pero todo eso cambió cuando te conocí. Desde aquel momento fue cuando descubrí la verdadera dimensión del amor, y que todos aquellos poemas leídos en la juventud eran ciertos, y existía ese sentimiento bello y noble que podía elevarte al cielo (aunque suene manido, es cierto). Y por todo ello, solo puedo darte las gracias.
                Tengo que agradecerte que me dejaras un día asomarme a la intensa inmensidad de aquellos ojos de gata que me sacudieron el alma desde el primer momento en que te vi en la penumbra de aquel local, donde solo un foco iluminaba un punto, y en ese punto estabas tú, y desde aquel instante, mi corazón se quedó contigo. Gracias por las miradas furtivas de aquella noche, que vistas desde mi miedo, parecían aún más bellas, y me dieron la fuerza necesaria para sobrevivir a todo ese tiempo tan duro e incierto que estaba pasando.
                Gracias por tu sonrisa, esa que ilumina el mundo, que lo hace más bonito solo por verse iluminado por ella. El calor que siempre sintió mi alma a su abrigo fue el sentimiento más dulce y bello que pueda experimentar hombre alguno. Si me preguntasen por un lugar al que quisiera siempre volver, ese sería sin duda al calor de su regazo, del tintineo de tu risa, de la caricia de tu mirada. Morir bajo su auspicio, sería sin duda el más dulce de los sacrificios.
                Gracias por dejarme aquella visión, que un día me regalaste frente a una muralla. Recuerdo que solo pude decir: “¡Dios mío! ¡Qué bella eres!”. Y no pude articular más palabra porque estaba bebiendo cada instante, cada rayo de luz que se reflejaba en ti, para conformar un recuerdo imborrable que me diera tu imagen cada vez que quisiera recordarte. Y así es como lo hago, como aquella vez. Y esa visión es la llama que enciende la luz de mis recuerdos. Porque quiero que sea así; porque no quiero renunciar a vivir en el recuerdo, aunque ello solo me lleve a ser un desdichado duende que busca cada noche la luna, venciendo el muro de las lágrimas, para susurrarle un “buenas noches, mi amor”, aunque sepa que no lo escucha, aunque sepa que jamás se lo podrá decir de nuevo al oído. Pero es que me regalaste unos instantes tan preciosos y dulces que me resisto a dejarlos morir; y los revivo cada día, venciendo la resistencia de la razón, que me grita que no me haga más daño, que no remueva más mundos pasados condenados a ser solo eso, que no me empeñe en continuar en un universo en el que ya no está mi sitio, en el que solo se me recuerda con sabor amargo. Pero es que hasta las lágrimas ardientes y dolorosas son pasaporte hacia ese tiempo en que me regalabas aquel amor inmenso. Y pese al dolor que siento cada día, me alegra seguir enamorado de ti, porque eso me indica que no fue un sueño, que en verdad existes. Que todo aquel sentimiento  fue derramado una vez sobre mí para hacerme el hombre más feliz de la tierra. Y por todo ello, solo puedo darte las gracias. Gracias por existir y por ser bella, única y maravillosa. Lejos de cualquier rencor te guardo; lejos de cualquier dolor guardo un pétalo de tu amor, que me guardo en el alma y riego con mis lágrimas, manteniéndolo  limpio y puro, para que aquella imagen bañada de luz, siga acompañándome hasta el fin de mis días. Sé que mi último pensamiento antes de morir, será siempre para ti; y mi última palabra será tu nombre, acompañado de un “te quiero”, tan hermoso como el amor que tengo y siempre tendré por ti. Y por haberlo sabido motivar con todos los maravillosos dones que hacen de ti una mujer extraordinaria, solo puedo decirte una cosa: gracias. Tu recuerdo está guardado junto a mi amor, y ambos me acompañarán hasta el fin de mis días.

Para Maite B. S. con todo mi amor

viernes, 7 de marzo de 2014

ALMA DE DUENDE I (EL MIEDO DEL DUENDE)

Recuerdo aquel momento, como si fuera ayer mismo cuando sucedió. Era por la tarde y casi me aventuraría a decir la hora, pero tampoco es demasiado relevante. Echando la vista atrás, se ve el paso tan veloz del tiempo que asusta, haciendo que parezca algo próximo, pero fue el día 14 de agosto de 1985 cuando escribí mi primer escrito bajo el seudónimo, entonces no publicitado ni conocido por nadie, de Duende Satírico: ¡más de 28 años ya!. Y es que aquel verano fue el de mi despertar en muchos sentidos, pero el más significativo fue el literario, que me llevó a escribir la friolera de ¡tres escritos! aquel mes. Eran tiempos bisoños, en un Valladolid adolescente, con la carne de gallina por las explosiones hormonales que producían aquellos tiernos sentimientos que comencé a plasmar en unas hojas de papel. “El parque” fue el primero de mis escritos, dedicado a un parque que había en mi barrio, en el que pasé mi mas tierna puericia y que, con el paso del tiempo, estaba olvidado y solo. El seudónimo nació como algo natural, y fue curioso; pero es que tras la última palabra del escrito, de una forma involuntaria, en el lugar destinado a la firma, escribí mecánicamente “Duende Satírico”, y así de abrupto y espontaneo fue su nacimiento. El origen se debe al libro que aquel verano me estaba leyendo y que, con el paso de los años, se convirtió en uno de mis libros de cabecera: “Los artículos de costumbres” de Mariano José De Larra. Desde aquel momento, se produjo un desdoblamiento de mi alma, pasando el Duende a ser el testigo de todos los miedos, ansiedades, momentos dolorosos y ruegos a la vida para conseguir fuerzas que me hicieran seguir adelante. Se convirtió en el encargado de exorcizar fantasmas, que es al fin y al cabo el motor de mi pobre vida de escribidor; y es que, debo admitirlo, hay muchas vivencias que no comprendo hasta que las he escrito, y otras muchas de las que no he llegado a ver todo el alcance, el trasfondo que contenían hasta verlas plasmadas en un folio. Y es que mi torpe experiencia literaria nació como su artífice: con un objetivo muy modesto, que no es otro que el de ayudar a comprender el mundo, aunque al principio y bajo la luz de los bríos juveniles, en esa fábrica de sueños rotos que es la adolescencia, me imaginara alguna vez viviendo de mis escritos. Fue por entonces cuando comencé a escribir en un pequeño periódico local, en el que comencé una columna que aún por otro medio mantengo viva: “Vientos Maestrales”. Ciertamente, la escritura no ha sido mi leif motiv, pero no cabe duda de que lo ha alimentado y que ocupa un lugar importante en mi vida.

Como dije en el párrafo anterior, mi blog, “Vientos Maestrales”, no es si no la continuación de aquella labor que comencé en años bisoños pero que, por el formato y la difusión, presenta unas ciertas particularidades que están haciendo de la experiencia algo único. Confieso que tuve que vencer el pudor inicial de desnudar el alma delante de todo el que tenga a bien perder un momento interesándose en algo de lo que escribes. Al fin y al cabo, cualquiera que escriba tiene que tener en cuenta esto, y saber vencer el sonrojo que ello provoca. No es algo fácil, pero resulta satisfactorio, hasta cuando son críticas lo que llueven. Lo cierto es que, cuando pasa el tiempo, llega a convertirse en algo inherente al íntimo acto de escribir, aunque sea lejos de cualquier atisbo de ego. Aunque eso, como ahora voy a narrar, puede convertirse en un obstáculo a la hora de crear.

Y es que hubo un momento particularmente doloroso en lo personal en el que varias personas (quiero imaginar que movidas por intereses loables exentos de cualquier tipo de acritud y por el cariño que me profesaban), que comenzaron a censurarme el que escribiera algo, la forma de hacerlo o el que no lo hiciera (que también hubieron bastantes quejas al respecto), lo cual motivó que perdiera la perspectiva. En un momento mental patético, sin fuerzas ni resistencia alguna, todas estas protestas hicieron que el Duende tuviese miedo a salir, que borrase infinidad de frases una vez escritas, pensando en que molestarían a tal o cual persona; se fue acotando mi libertad a la hora de redactar y, lo que es peor, provocaron el efecto contrario, moviéndome a publicar cosas que jamás debería haber permitido que nadie leyese, por el efecto “Olla a presión”.

Y fue en este mismo instante en el que Carlos tomó las riendas y terminó de estropearlo, al instrumentalizar la figura del Duende, utilizándolo de arma arrojadiza, cuando nunca debería haber permitido que no fuera otra cosa que lo que siempre había sido: la vía perfecta para ir exorcizando miedos. Me herí, herí al Duende y, lo peor, herí a terceros, pese a tener más o menos razón ya que eso ahora no importa, pero a los que nunca debí someter a tal sufrimiento. Y por todo esto, poco a poco mi alter ego se fue escondiendo, acurrucado en un rincón, preso del pánico que le provocaba salir de su refugio; no solo no salió, si no que se fue ocultando cada vez más hasta que llegó el día en que algo que amaba, que me llenaba y me hacía sentir feliz, pasó a ser incómodo y doloroso. Por primera vez desde que tenía dieciseis años, experimente rechazo y asco por cualquier cosa que tuviera que ver con la escritura.

Aún no sé si todos esos sentimientos negativos han sido vencidos, si lo serán algún día o si tendré que aprender a convivir con ellos, pero lo que sí tengo claro es que voy a intentarlo con todas mis fuerzas y con la lección aprendida, para no volver a dejar que la inmundicia de muchos de los pasajes de Carlos contagien al Duende. Espero poderlo conseguir, porque si algo necesito ahora mismo es a ese viejo amigo que me explica todo lo que no sé de mí.

ALMA DE DUENDE

Hoy por fin rompo el silencio que he mantenido durante meses. Han sido momentos muy intensos y, sobre todo, bastante tristes. Una época oscura en la que he llegado a odiar lo que tanto ha significado siempre para mí, hasta el punto de haber hecho desaparecer este blog en dos ocasiones. Quiero recomenzar esta andadura que he tenido aparcada durante un tiempo, explicando y explicándome algunos de los aspectos de estos últimos tiempos. Y lo voy a hacer con una breve trilogía; tres escritos que van a desgranar alguna parte de mi vida. Y esto va a ser así porque sé que sin estas explicaciones, jamás podré volver a escribir, a recuperar esas ganas, esa alegría que me ha dado siempre la literatura.
Soy consciente de que quizás no sean los mejores escritos que hayan salido de mi pluma, si no  más bien todo lo contrario. Pero de lo que no me cabe la menor duda es de que serán los que más haya necesitado escribir nunca jamás. Espero que los pocos que lo leaís, tengaís alguna compasión de este pobrecito escribidor.

martes, 15 de octubre de 2013

Airón

En el oscuro y frío airón
los recuerdos nadan versos.
En el profundo airón
los refugios y los miedos,
flotan en el airón,
y en el fondo del espejo.

viernes, 2 de agosto de 2013

MUSA DEL INSOMNIO

A la luna plateada
que en mi noche hoy no brilla.
Que con Venus aún se junta
y se transforma en mirada.

A la sombra de la duna,
altiva y solitaria,
que conjura las estrellas
y de todas, solo una.

Al frescor de una caricia
cuando aún no ha sido dada,
cuando aún no tiene magia,
cuando se encuentra en puericia.

Al dolor de beso amigo,
a la duda que lo asombra.
A su efecto cotidiano
a su calor y su abrigo

A la espuria no nacida,
temor y dolor vacío,
polvo y niebla y la nada,
les consagro yo mi vida.

jueves, 11 de julio de 2013

LA AMANTE PERFECTA

Resulta evidente decir que, merced a internet, las relaciones han cambiado. De los antiguos noviazgos por carta, esos que alguna vecina, amiga, abuela,etc... nos han contado, solo queda el dolor y la dificultad lógica de quien tiene al ser amado lejos; porque eso no ha cambiado: se tienen más medios, más formas de verse incluso, pero el pesar sigue siendo el mismo. Lo mismo ha sucedido con todas las relaciones humanas que pueblan el universo de nuestro interior: desde las laborales hasta las más íntimas, todas se han visto por todas las formas de comunicación de las que ahora disponemos, hasta llegar a dar incluso lugar a nuevas, que siempre son apellidadas “virtuales”. Y estas han nacido intentando suplir una de las carencias del ser humano más común y extendida sin distinciones de nacionalidad, sexo o religión: la soledad. Mucha gente con este tipo de problema ha corrido a esconderse de una pantalla, llegándose esta a convertir en un modus vivendi y completando un círculo de dependencia pernicioso para el desarrollo de cualquier persona. Hace no mucho tiempo, yo fui una de esas personas. En un momento delicado de mi vida, convertí la pantalla en mi salvavidas: fueron unos tiempos convulsos. Lo cierto es que todo aquello me ayudó mucho y saqué muy buenas amistades de ello; pero con un denominador común: en todas ellas traspasé el muro de píxeles para entablar una relación personal. Internet fue el punto de inicio, pero lo refrendé con el contacto personal.
De todo lo anteriormente dicho extraje una conclusión: si no hay amistad más allá de la pantalla, la relación no es nada. “Te quiero mucho”, “te conozco desde hace dos mil post, pero te quiero mucho” “te doy a todos los me gusta, los +1 y por eso te quiero un montón” ¡Y encima hasta hay quien llega a creerlo!. Hay gente que monta un castillo sobre ello sin saber que es uno de arena. En innumerables ocasiones, llegan incluso a aislarse, a dejar la realidad por esa virtualidad o hasta mentir a los que quieren con tal de continuar elevando las almenas de ese torreón imaginario. Y ese es el momento en que se debe tomar la decisión de continuar así o de ir cambiando pequeñas cosas para conseguir subvertir la situación y volver a tomar las riendas del mundo en el que de verdad se mueven. Y deben decidir lo más rápido posible, porque ese es el momento exacto en el que comienza un camino sin retorno con realidades fingidas y relaciones en concordancia. Internet puede ser un magnífico punto de partida, pero no se puede convertir en el todo, o te verás irremisiblemente reducido a la nada, cuando llegues a creerte a pie juntillas que los doscientos ochenta y cuatro amigos del facebook son realmente eso: amigos.
Yo nunca fui de tener demasiados amigos en las redes sociales, y así me sigo manteniendo. Intento, eso sí, ser selectivo y agrupar en mis sitios a los amigos con los que de verdad mantengo algún tipo de relación fuera de la red, en un intento de darle verosimilitud a los sentimientos que se muestran en cada mensaje, post, me gusta, +1 o cualquier otra forma de interrelación. Y ahora puedo decir que realmente tengo a mi lado a los que quiero y me quieren, no a los que me comentan lo genial que soy. A lo largo de mi vida, normalmente por relaciones sentimentales (casi exclusivamente por la primera y más perniciosa de ellas), he ido perdiendo muchos amigos por el camino. Ha sido una larga y dura criba en la que pienso que han quedado los mejores. En los peores momentos, siempre me han acogido; me han dado de fumar cuando sabían que recogía colillas por la calle, de comer cuando les constaba que el mejor de los días solo comía una vez porque no tenía para más; me han dado cariño y grandes lecciones de lealtad y de amistad, de esas que nunca olvidaré. Lejos de sentirme avergonzado y callarme que haya llegado a tales extremos, lo digo con dignidad y orgullo, por la fortaleza de la que he hecho gala para salir adelante y por la suerte que he tenido por contar con personas como ellos: personas de esas que te dan un like, pero que después te llaman para que recojas un plato caliente y lo hacen con el tacto necesario para no herir jamás tu sensibilidad ni tu orgullo. Esos, perdonadme, no pueden ser los mismos que te dicen lo mucho que te quieren y te ven en el mejor de los casos una vez al año, o se pasan tiempo sin llamarte por no tener tiempo, aunque luego los veas conectados siempre que apareces por las redes.
Iniciar un camino como el que yo hice hace tiempo no es nada fácil, ya que siempre hay un precio que pagar, como todas las cosas de esta vida. En este caso, el peaje que debes abonar no es otro que el de los momentos de soledad. Todos llevamos una vida más o menos frenética, lo que hace que hayan determinados momentos en los que no puedes encontrar a alguien, no porque ellos no acudan si los necesitas, si no por la sencilla razón de que hay muchos instantes en los que no quieres sacarles de sus quehaceres cotidianos, lo que te lleva invariablemente a esas noches solitarias, en las que necesitarías un abrazo que al final nunca resulta ser recibido. Se cambian lágrimas calladas y solitarias por abrazos cálidos de regazo amigo, todo con un simple fin: no preocupar. Además, si a esto le unes multitud de cicatrices que cruzan cara, cuello, torso, corazón, alma... el resultado es invariablemente esas noches en las que he silenciado sentimientos ayudado por la amante perfecta. He coqueteado más de una vez con ella al filo de la medianoche; he mirado con deseo su invitación, saboreado cada uno de los besos que me ha dado, para ser rechazado después, postergando nuestro final encuentro para un día más apropiado, en el que solo se escuche en la habitación el eco de los latidos de mi corazón cansado. Y tengo que deciros que no he dejado de mirarla, de ver sus ojos oscuros que me invitan a las vez que me dicen “espera”. No temo el momento, ni el lugar que decida, ni la forma o el modo de verla: solo me mantiene con una natural angustia la espera. Quizás valga la pena cruzar el umbral, solo a cambio de reposo; un descanso que busco y anhelo cansado como estoy de tanta lucha.

miércoles, 12 de junio de 2013

REFLEXIÓN DESCARNADA

El otro día, leyendo cosas, encontré este texto de Paulo Coelho. En principio me pareció terrible, por lo descarnado de lo que dice, pero es tan bella la reflexión que he decidido ponerlo en el blog. Quizás sea cierta o quizás no: eso os toca decidirlo a todos y cada uno de los que leais estas palabras.
DUENDE SATÍRICO


                                                 DOS AMORES (por Paulo Coelho)

“
Dicen que a lo largo de nuestra vida tenemos dos grandes amores; uno con el que te casas o vives para siempre, puede que el padre o la madre de tus hijos... Esa persona con la que consigues la compenetracion maxima para estar el resto de tu vida junto a ella...
Y dicen que hay un segundo gran amor, una persona que perderas para siempre. Alguien con quien naciste conectado, tan conectado ... que las fuerzas de la quimica escapan a la razon y les impediran,siempre, alcanzar un final feliz. Hasta que cierto dia dejaras de intentarlo, Te rendiras y buscaras a esa otra persona que acabaras encontrando.
Pero te aseguro que no pasaras una sola noche, sin necesitar otro beso suyo, o tan siquiera discutir una vez mas...
Todos saben de qué estoy hablando,por que mientras estan leyendo esto,se les a venido su nombre a la cabeza,te libraras de el o de ella dejaras de sufrir,conseguiras encontrar la paz(la sustituiras por la calma)pero te aseguro que no pasara un dia en que desees que este aqui para perturbarte.
  Porque a veces se desprende mas energia discutiendo con alguien que amas que haciendo el amor con alguien a quien aprecias. ”